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lunes, 8 de junio de 2015
Solsticio de Infarto de Jorge F. Hernández
Mira el video de la mini entrevista a Jorge F. Hernández por Solsticio de infarto publicado por Almadía.
Entrevista para el portal FernandaTapia.tv
martes, 3 de marzo de 2015
Solsticio de infarto de Jorge F. Hernández
- Sólo los grandes escritores torean con pluma y libreta.
¿Cuántas veces nos hemos
preguntado qué dirían nuestros amigos si muriéramos? ¿Cuál es nuestro legado?
¿Qué dejamos de nosotros al morir? En junio de 2011 el escritor Jorge F.
Hernández obtuvo, sin querer, la respuesta a esas preguntas al enfrentarse a un
infarto.
Solsticio de infarto (Almadía 2015) es el título, tomado de un
artículo de él mismo en el diario Milenio,
de un nuevo libro que reúne las columnas publicadas por el escritor de julio de
2010 a septiembre de 2012. El libro tiene como prólogo un texto publicado por
Juan Villoro cuando el infarto sorprendió a Hernández, en ese texto Villoro
hace una especie de obituario adelantado o lo que podría ser la necrológica
merecida por Hernández, en donde Villoro recalca que hay quienes, como él
pueden lastimar su corazón de tanto usarlo. El libro también tiene en la
portada, diseñada por Alejandro Magallanes, un dibujo del escritor de La emperatriz de Lavapiés cargando un
corazón gigante, que como lo dijo el mismo Magallanes en la presentación, “sólo
su corazón es más grande que él”.
Parte del legado de Jorge está en
este libro, su Agua de azar publicada
por varios años en el periódico Milenio
fue un espejo romántico, humorístico e iluminador para todos los lectores que
por mucho tiempo sólo leíamos el diario para encontrarnos con esos pequeños
cuentos o ensayos, con un poquito de lluvia como diría Lichi, que nos hacían
ver la situación del país desde muchos otros ángulos, habilidad de los grandes
escritores y la verdadera literatura, como dice Jorge “darle la vuelta a la
cajetilla de cigarros”. El Agua de azar que llegaba cada jueves en
papel, se terminó a finales de octubre de 2014, sin embargo el escritor de Montón de piedras (Alfaguara) nos sigue
deleitando con sus columnas con las Cartas
de Cuévano en el diario español El
País.
Torero de joven, Jorge cambió
espada y muleta por pluma y libreta, para seguir sorteando la vida en el ruedo
de la literatura. Ante una historia desafiante, altanera y retadora, Jorge se
pone el traje de luces y con unos cuantos muletazos remata cuento, columna o
novela con el guiño poético que caracteriza su prosa. Es por esto que aseguro
que un escritor como Jorge, con gran corazón, sigue siendo torero.
(Ezra Alcázar)
Dejo un video de la presentación que se hizo en la Feria del Libro de Minería el 1 de marzo de 2015
martes, 20 de enero de 2015
EL DUENDE SIGUE HACIENDO TRAVESURAS
| Rogelio Cuéllar en el Parque México |
Bautizado como El duende por
Jorge Luis Borges, Rogelio Cuéllar (1950) ha retratado en sus más de 47 años de
trabajo a los más grandes artistas que han pasado por México. Desde hace tres
años emprendió, junto con María Luisa Passarge directora de la editorial La
Cabra Ediciones, la tarea de formar dos libros sobre su obra; el primero es El rostro de las letras que ha visto la
luz en una coedición con Conaculta, y El
rostro de la plástica, dos proyectos que recuperan para el público gran
parte de la memoria fotográfica de las artes en México.
EL rostro de las letras
reúne 155 retratos de escritores entre los que se encuentran José Revueltas,
Octavio Paz, Efraín Huerta y José Emilio Pacheco. El libro no se termina aquí, los retratos que ha hecho Cuéllar son miles y entre sus planes está el sacar un segundo tomo.
— ¿Cómo te haces un fotógrafo cultural?
— Cuando
fundamos La Jornada, todos los
fotógrafos hacíamos de todas las fuentes y no existía especialización en nada.
Yo, por ejemplo, comencé a hacer fotografía de futbol, pero me quedaban como
ballet, todos brincando y bailando, aparte que nunca veía la pinche pelota. Con
los políticos es morirse de aburrimiento, es un trabajo reiterativo y en el que
me di cuenta de estar contribuyendo a la demagogia visual porque todos
aparentan cargar niños, saludar viejitas… Por ejemplo, a Héctor García lo
contrataban para las campañas presidenciales y con él me tocó trabajar en la
campaña de López-Portillo y De la Madrid. Héctor nos contrataba a diez
fotógrafos –nos pagaba el PRI–, nos prestaban equipo, nos daban rollos y hacían
corte tres veces al día, nos los recogían. Era ver en cada pueblito la misma
historia en la que van y saludan a la banderita con los niños, pero yo ya venía
de Proceso, donde fotografié a los
políticos con un sentido mucho más crítico e irónico, aunque tampoco sirve para
nada porque las actitudes son iguales; los políticos son malos actores. Decidí
que el mundo de la política no me interesaba en mi trabajo, y desde que trabajé
en Difusión Cultural de la UNAM quedé atrapado en el universo de los creadores.
Me pagaban por los festivales de teatro, por ver el ballet coreográfico de
Gloria Contreras, y las grandes mesas y conferencias en la Facultad de
Filosofía y Letras, ese universo me jaló. Estar trabajando esos años en
Difusión Cultural fue como hacer mi maestría o doctorado. Después trabajé en la
Facultad de Filosofía y Letras cuando estaba Gonzalo Celorio como coordinador
de extensión académica, ahí tuve mi plaza de técnico de medio tiempo, y mi
trabajo consistía en fotografiar todas las conferencias, mesas redondas,
simposios y demás, era padrísimo porque me pagaban por estar en conferencias.
Desde esos años decidí que lo que yo quería en mi obra era a los creadores,
aunque no descarto hacer chambas como las fotos que hice para la campaña a la
presidencia de Creel.
— Si no me equivoco, el primer escritor al
que retrataste fue a Ricardo Garibay…
— Sí,
para una entrevista que le hizo Margarita García Flores para Radio UNAM, que
era la entrevistadora de la época cuando estaba Gastón García Cantú como director
de Difusión Cultural. Yo trabajaba como freelance
haciendo la fotografía de todas las obras de teatro, danza y conferencias.
Yo tenía 18 años cuando empecé a hacer esas fotos; en este nuevo libro
publicado por La Cabra Ediciones, abarcamos fotografías de 47 años de trabajo.
Las dos fotos más antiguas del libro son las de Monsiváis y Rulfo, del 69.
— Tu primera exposición se llamó La vuelta al mundo en ochenta rollos,
¿en esa exposición ya retratabas a creadores de arte?
— No.
Fue mi primera exposición y fue en 1970. Esa exposición fue sobre los jóvenes,
como trabajaba de freelance en muchas
revistas (Sucesos para todos, Siempre, etcétera), siempre estaba en
las manifestaciones, los movimientos sociales, fui a buscar a los hippies,
manifestaciones de peace and love,
también Avándaro me tocó. Esa primera exposición fue en una preparatoria en
Salamanca y era básicamente sobre los jóvenes en México.
— Y ahí regresa la relación con Ricardo
Garibay…
— Sí,
él una vez me dijo “Yo necesito unas fotos para un libro” y yo estaba feliz
porque eran para uno de sus primeros libros con Joaquín Mortiz (editorial). Me
dijo “Bueno, yo quiero fotos, pero no tengo dinero. Te puedo invitar una tora o
un café.” Yo le dije que aceptaba, pero quería las dos cosas. De ahí nació una
gran admiración de mí para él, y por su parte era como un papá grande. Le
gustaba convocar gente en su casa de Satélite y hacía tertulias a las que me
comenzó a invitar, y para mí fue muy importante eso porque me di cuenta de que
no sabía nada. Ellos hablaban de Bergman, Pasolini, Mafalda, Hemingway; ahí fue
cuando yo dije “ya no regreso o comienzo a leer, aprendo y regreso”. Frecuenté
mucho esas tertulias hasta que un día –eran dos salas, en una estaban los
grandes y en otra nos tenían a los escuincles– me llamó hasta donde estaba él y
se me abrió el universo. Entonces la UNAM para mí ha sido fundamental.
Para esa primera
exposición yo le mostré las fotos a Garibay, a él le gustan y le digo “me
gustaría que me escribiera un texto porque me invitaron a exponerlas”, y el
texto de mi primera exposición a los 20 años fue escrito por Ricardo Garibay.
— Este nuevo libro El rostro de las letras (La Cabra ediciones), es un libro que los
que seguimos tu trabajo llevábamos un buen rato esperando desde que salió el
pequeño catálogo Cuatro décadas del
rostro de la plástica 1972-2011.
— Ya
había un pequeño antecedente de El rostro
de las letras de 1997 y se hizo en la Biblioteca México de la Ciudadela. Es
un catálogo, y lo que hacía falta era un libro. Para un fotógrafo, cuando va a
tener un libro de fotografías, a lo que aspira uno es a tener algo muy bien
diseñado y en un formato digno para lucir las fotografías.
—
Para esta
gran edición de El rostro de las letras
sí han conservado las fechas y los lugares donde se han tomado.
—
Aquí la clave es María Luisa Passarge que como
editora me exigió que cada fotografía llevara fecha y lugar, lo cual implicó
meterme a los negativos y revisar todos los datos que he ido anotando en ellos.
Últimamente me interesa mucho la cronología de lo que he ido fotografiando,
básicamente mi proceso creativo.
— ¿Quién hizo el texto que acompaña las
fotografías de El rostro mexicano de las
letras?
— Es
un súper ensayo de Laura González Flores, que es la subdirectora del Instituto
de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y se ha especializado en fotografía.
Para mí ha sido un texto muy revelador, cuando me pregunto “¿A poco yo hago
todo eso?” Es un análisis muy rico y muy agudo.
—
¿Y
conservas todos tus negativos?
—
Sí, yo creo que el 99 por ciento de mis
negativos los tengo guardados. María Luisa me exigió esos datos para el libro,
porque es parte del concepto. Es de una manera, una enciclopedia contemporánea
de los creadores.
— Para El
rostro de las letras ¿cómo fue
la selección de las fotografías?
— Es
muy interesante, por ejemplo, con José Revueltas es muy peculiar el concepto
del diseño porque aparece el contacto fotográfico, en este caso de 6x6, de las
once fotografías que le tomé en la secuencia la que me significa más es la que
aparece amplificada. Aquí se muestran incluso los errores de revelado porque va
todo el proceso histórico de esa foto, también se va viendo cómo voy encuadrando;
a mí me interesa mucho que con este libro se logre ver el proceso creativo.
— La mayoría de los escritores que salen
retratados en este nuevo libro son escritores que han vivido en México o ¿cómo
le hiciste para escogerlos?
— La
mayoría han hecho su obra aquí, como Tito Monterroso, Álvaro Mutis, García
Márquez. Como en toda antología, a mí me hubiera gustado que estuvieran 300,
pero fui quitando pensando en sacar un segundo tomo, pero fundamentalmente son
escritores muy cercanos y muy admirados, cada uno de ellos me significa algo
especial, aunque hay muchos a los que admiro mucho y no pudieron estar en este
libro. Lo que sí me interesa con El
rostro de las letras es que sea un mapa muy amplio y representativo de
varias generaciones, no nada más los muy consagrados, sino también las
generaciones más recientes. Parte de mi disciplina es tener un seguimiento de
ellos, cualquier oportunidad que hay aprovecharla para hacer más fotografías, y
como ya son parte de la familia es continuar con un diálogo que iniciamos con
la primer fotografía.
— Y en el caso de los escritores ¿a todos los
has leído?
—
Sí, procuro eso. De ahí que de pronto a alguien
que no conozco le digo que quiero verlo, platicar con él y leerlo. Inclusive
llego a hacer fotos, hago un retrato, pero no tengo EL retrato. Intento saber
qué escriben y conocer su universo.
— Para los retratos que hemos visto que haces
¿cómo le haces, pones a los escritores a posar de alguna forma en especial?
— No,
simplemente me gustan mucho sus espacios, aunque recientemente para las últimas
fotos lo que he hecho es sacarlos de su espacio para verlos en diferentes
entornos. Me clavo mucho en el diálogo que se puede crear con la mirada, es
siempre una exigencia de la mirada. Lo sabemos de la historia del arte, como en
los retratos pictóricos te sigue la mirada.
— Sí,
para mí era un desafío. Yo sabía que estaba perdiendo la vista, y me clavé
mucho en su mirada, en la búsqueda de la brillantez y luminosidad de sus ojos.
— ¿Qué historias hay detrás de una foto, por
ejemplo, a Octavio Paz?
— En
la foto de Octavio Paz saliendo de su estudio. Me recibe Marie Jo Paz, ya tenía
cita con él, pero me dice Marie Jo “Dice Octavio que hoy no está de ánimo para
que le hagas retratos”, y le dije “Ah, bueno, nomás quiero saludar”. Yo ya
había acomodado mi tripié con una cámara 6x6, y antes que salga hago la primera
foto, cuando va saliendo saco la segunda y ya que me dice que no puedo tomarle
las fotos ese día, le pido que me haga un recadito de que sí vine pero que no
me pudo recibir. Entonces Paz me hizo el recadito para Carlos Payán que nunca
entregué, ese lo tengo yo.
— Dice Esther Seligson en un texto sobre tu
obra “el paso del tiempo no es el paso del hombre”, sin embargo tú en tu
trabajo retratas el paso del tiempo sobre los artistas.
— Justo
es eso en lo que estriba el valor del libro, porque hay muchos a los que los he
retratado durante muchos años. Tengo muchas mejores, supuestamente porque son
más contemporáneas, pero escogí las que me significan mucho por la época.
También me interesa mucho la dignidad de las personas que aunque estén viejos,
sean retratados con la dignidad que se merecen.
— Como la foto a Juan García Ponce.
— Sí,
es el portento. Él ya no podía escribir o mover nada salvo la cabeza, pero en
la foto sale muy digno, con toda la fuerza que expresaba en sus libros.
— Y podemos ver a lo largo del libro todo tu
desarrollo, como en las últimas fotografías como la hecha al poeta Hernán Bravo
Varela.
— Sí,
ahí ya hay unos encuadres más precisos. Las primeras fotos están hechas con una
Pentax 35, ahora con el desarrollo que ha habido en la tecnología utilizo una
Nikon o Canon, pero en el libro ha fotos de cámaras de 35mm y 6x6, que son dos
formatos que me gustan mucho. Las últimas tres fotografías son hechas con
cámaras digitales.
—
¿Qué
opinas de que ahora cualquier persona se crea o intente ser fotógrafo con la
facilidad de un celular?
—
Hay una sobrevaloración de que ahora cualquiera
ya con un dispositivo ya es fotógrafo. Sí, hay una gran ventaja y se pueden
captar imágenes, pero yo creo que el sentido de mirar a través del objetivo,
editar... –que es parte de lo que hace uno como fotógrafo, edita parte de la
realidad–, la composición, las luces y las sombras, por eso me gusta tanto el
blanco y negro, porque con ellos logras una síntesis desde el blanco blanco
hasta el negro negro, con todos los grises que hay en medio. Hay una intuición
que desarrolla uno como fotógrafo, viendo cine, teatro, danza, pintura,
escultura.
— ¿Y cómo vives el cambio tecnológico en tus
herramientas de trabajo? ¿te gustan igual?
— De
lo analógico lo que me encanta es revelar el rollo, aparecer, imprimir ¡y que
se me revele! Ahí está la palabra, se me va revelando la imagen y la voy
viendo. En lo digital valoro la inmediatez y la capacidad. Sí utilizo las
nuevas tecnologías para la fotografía, pero el placer de hacer fotografía en
blanco y negro en mi negativo… no lo voy a dejar.
— Es como los escritores que siguen
escribiendo a mano.
— Exacto.
Garibay escribía primero con lápiz suave, después corregía con uno del número
2, después del 3, y ya al final lo hacía con tinta en pluma fuente. Es parte
del mimo ritual del proceso creativo. Un día me dijo García Márquez, ya que él
fue uno de los primeros que utilizó la Mac, que fue para él una revolución al
momento de corregir y releer.
— ¿Qué opinas que tus fotografías se hayan
vuelto parte de la historia?
— Bueno,
a mí me da mucho gusto que ya están en la memoria colectiva. Yo no comencé a
inventar el hilo negro, ni estoy haciendo nada nuevo, sino que todos los
fotógrafos, de cualquier país y disciplina, de una manera u otra han retratado
a sus contemporáneos. Si vemos a Mapplethorpe, pues Patti Smith, Andy Warhol, y
todo ese universo que le tocó vivir. Sí hay una conciencia, y una conciencia de
responsabilidad profesional que obtuve como intuición y que he ido
desarrollando, de que ahora que soy más retratista estoy haciendo una memoria
visual del acontecer cultural en México de la época que me toca vivir.
— ¿Cómo podríamos considerar tu trabajo, como
fotoperiodismo o como fotografía histórica?
—
Fotoperiodismo. Mi formación es como
fotoperiodista freelance, ¿pero qué
pasa con el periodismo? La foto o la nota de hoy es la noticia, pero mañana ya
comienza a formar parte de la historia, es el proceso natural del periodismo.
Otra característica de mi trabajo es el valor del archivo, del negativo
físicamente con su clasificación, fecha y nombres; conservar y cuidar los
negativos. Cuando en todos los periódicos eran operadores de cámara: oprimían su
botoncito, imprimían su foto y dejaban pegados sus rollos en las paredes de los
laboratorios, cumplían con la chamba mas no con s u profesión como fotógrafos.
—
Además de
retratar a escritores y artistas, has hecho fotografía de muchas otras cosas…
— Sí,
es parte de mi disciplina estar registrando los movimientos sociales: las
marchas de Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador (yo también creí
en algún momento, aunque ahora no crea en ningún político ni ningún partido),
pero los movimientos sociales me interesan mucho. Es parte de la tradición que
aprendí de los grandes periodistas como Héctor García, Nacho López, Rodrigo
Moya; es parte de mi responsabilidad social, profesional y personal. Fui a la
manifestación del 20 de noviembre por disciplina de estar, porque era un
momento histórico para México.
— ¿Cuál es tu mejor foto?
— La
que tengo que hacer. Las mejores fotos son las que no he podido tomar.
— ¿Siempre has pedido permiso para tomar una
foto?
— En
los retratos sí, pero con las de la calle primero disparo y luego aviso.
— ¿Qué nuevos proyectos vienen para 2015?
— En
corto y mediano plazo son hacer El rostro
de la plástica, seguir trabajando a los escritores… tengo todavía muchos
huecos tanto en escritores como artistas plásticos. De hecho tengo la beca del
Sistema Nacional de Creadores y el proyecto es llenar esos huecos, trabajar
hacia a atrás, organizar mis archivos y la digitalización.
*Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de enero de 2015
http://www.liberacionmx.com/
*Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de enero de 2015
http://www.liberacionmx.com/
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miércoles, 18 de junio de 2014
Viendo el futbol desde el gallinero.
“Cuando los héroes numerados saltan a la cancha,
lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el
círculo central, los elegidos saludan a la gente. Sólo
entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol
Son los nuestros. Los once de la tribu.”
JUAN VILLORO
Cuando uno tiene unas redes sociales tan diversas como mi Twitter y Facebook en temporada de reformas estructurales y Mundial de Futbol, es fácil encontrarse en el centro de discusiones inagotables. En esas discusiones es común identificar a los siguientes cuatro grupos:
·
Pamboleros de corazón: Estos aman el futbol.
Todos los días, aunque no sepan en qué continente están los países en duelo,
ellos viven el partido: lloran, se enojan, brincan y bailan con cada jugada. En
los juegos de México son los más patriotas y al ver la camiseta verde con el águila mexicana les sale un grito de guerra que haría huir al tal Masiosare.
·
Revolucionarios: Estos odian el futbol. Al igual
que los otros, se la viven frente a una pantalla, la diferencia es que estos
están tuiteando el odio hacia el futbol, las conspiraciones que hay en torno al
Mundial y diciendo que todos deberíamos hacer lo que ellos no hacen por hacer
eso, protestar contra las reformas de Peña.
·
Indiferentes: A estos todo les vale un pito, o
al menos eso dicen. Sí, les encanta estar frente a la pantalla escribiendo que
nada les importa, que prefieren hablar con alguien más que ver el futbol, que
prefieren irse a leer a Joyce que hablar de política o futbol porque eso es
para “nacos” (aunque lo único que saben de Joyce es cómo se escribe y lo
supieron por Wikipedia). Podríamos decir que este es el grupo que peor me cae,
al parecer no les importa nada, pero se la pasan viendo qué ponen los demás
para escribir que eso no les importa.
·
El tercer grupo no tiene una etiqueta tan sencilla,
sólo puedo decir que somos lo del corazón partido. Nosotros disfrutamos de ver
todo desde el gallinero, con una vista más amplia y objetiva. Sufrimos los
golpes que echan de un lado para otro, pero tenemos la ventaja de también
disfrutar los triunfos de cada lado.
El futbol en causas
justas y en pro de la libertad de ideas
Cuenta Eduardo Galeano que en la España Franquista Santiago
Bernabéu definía así la misión del Real Madrid: “Estamos prestando un servicio
a la nación. Lo que queremos es tener contenta a la gente”, en esos mismos años
el presidente del Atlético de Madrid, Vicente Calderón, dijo algo que
complementaba lo dicho por su colega: “El futbol es bueno para que la gente no
piense en otras cosas más peligrosas”. Así ha sido durante muchos años, entre
dueños de clubes, televisoras, empresarios y políticos han convertido el futbol
en una herramienta de usos múltiples; para distraer y someter, para hincharse
los bolsillos de dinero, pero también para unir y empatar ideas como hizo el
gobierno vasco cuando mandó en el año 1937 al equipo Euskadi a Francia y a
otros países para hacer propaganda y recaudar fondos.
Otro de los momentos que más me han impactado de la historia
del futbol y que me hace disfrutar más el ver un balón en la cancha es cuando
en 1994 se promulgó en Brasil la Ley Pelé, que da libre albedrío a los
jugadores para elegir el equipo con el que deseen jugar, y que obliga a los
equipos soltar a los jugadores en cuanto su contrato termine.
Historias como las de arriba hay muchas, también hay otras
macabras, pero si no exploramos e intentamos ver más allá del odio hacia el
balón mágico que hipnotiza a las masas, quedaremos igual de hipnotizados por un
odio sin sustento.
¿A qué viene tanto
hablar de futbol y de dónde me salió el interés?
Sólo una vez he jugado fútbol y fue un acto de mero
masoquismo, pues esa mañana me había esguinzado un dedo del pie izquierdo.
Lejos de esa mañana de masoquismo brutal, nunca me ha interesado mucho el
futbol, siempre creí que era algo más de hombres y que por eso no lo conocía,
ya que en mi casa el único hombre era yo.
Con el tiempo le fui agarrando interés al asunto, me pareció
impresionante que grandes personajes fueran fanáticos del futbol, personajes
que a mi parecer de “revolucionario” de prepa no debían tener ni el más mínimo
interés por algo tan absurdo. Después de esa sorpresa empecé a leer lo que
personas como Eduardo Galeano, Juan Villoro, Eduardo Sacheri y Martín Caparrós,
entre otros, tenían que decir sobre el futbol, sobra decir que me gustó y que
me convencieron, que en el mundial actual he visto un montón de partidos y que
más de uno he llegado a disfrutar.
Después de estar en los dos bandos principales de esta
historia, puedo decir que lo mejor es estar viendo todo desde el gallinero,
como lo hacía José Saramago en el Teatro de la Ópera cuando, siendo su familia
muy pobre, un amigo de su padre lo dejaba entrar al teatro en Lisboa a ver y
escuchar los actos desde el gallinero, donde él podía observar las verdades del
teatro, ver todos los ángulos y descubrir que hay más allá; así también hizo
Saramago en su última novela publicada que en realidad es la primera escrita, Claraboya, donde el narrador ve por la
claraboya de un edificio la vida de sus inquilinos y conocer los ángulos de su
vida y pensamiento.
Creo que podemos disfrutar el futbol como disfrutamos una
película, una buena serie, o un libro, sin olvidarnos dónde estamos, sin
olvidar que los problemas del país siguen aquí con o sin gol, con los pies bien en la tierra.
Uno de los problemas más grandes de la izquierda mexicana es
que lo primero que buscan con los demás es encontrar en qué cosas no están de
acuerdo. La palabra italiana que define al fanático de futbol es “tifoso”, alguien infectado e incurable,
los que somos de izquierda o no, pero que hemos entendido la gravedad de las
reformas de Peña Nieto debemos buscar la forma de hacer que los enfermos de
futbol se interesen en más cosas, sin quitarles eso que ya está en su sangre,
pero añadiendo algo que los hará más críticos ante el mundo que nos rodea como
futbolistas a un balón en plena cancha.
domingo, 6 de abril de 2014
El libro salvaje de Juan Villoro.
Dentro del marco de los festejos por
los 80 años del Fondo de Cultura Económica se ha puesto en marcha la reedición
de títulos de gran importancia para esta editorial. Uno de ellos es El libro salvaje que, como lo ha dicho
el mismo Juan Villoro, se ha convertido en un clásico contemporáneo de la
literatura juvenil en México.
A El
libro salvaje se pueden acercar niños, jóvenes y adultos: un libro para las
tres edades. El único requisito para leer este libro es tener curiosidad e
interés en qué guardan esos libros que aún no hemos leído, en saber qué
secretos e historias se esconden en ellos.
El libro cuenta la historia de Juan,
un niño de 13 años que de un día para otro de queda sin sus planeadas
vacaciones. El problema que ha provocado semejante situación no puede esperar
ni un día para su solución, sus padres se separan.
Para que el divorcio no afecte la
normalidad de Juan, su madre decide enviarlo a vivir unos días en casa del tío
Tito, un bibliófilo empedernido. El tío vive entre libros, toma un extraño té
de pipa, come sin destreza, teme a los osos de peluche y detesta el ruido.
Es en ese hábitat donde Juan
descubrirá las aventuras que puede vivir vicariamente a través de un libro.
Aprenderá también cómo un libro se enriquece o empobrece de acuerdo con su
lector. Con la ayuda de Catalina, la chica linda de la farmacia, Juan
emprenderá la búsqueda de El libro
salvaje, un libro que no se deja leer.
Es este libro una versión extrema del
contacto con los libros donde los lectores podremos entender y comprender de
una mejor manera los desafíos que llegan a tener los escritores para conseguir
un libro. Juan Villoro dijo en una entrevista que todo libro sin escribir es
como un potro salvaje que hay que domar, Villoro ha domado decenas de libros y
ahora nos invita a domar con la lectura este libro de aventura literaria.
jueves, 21 de marzo de 2013
Entrevista con Fabrizio Mejía Madrid
En la historia reciente de México hay dos eventos que han marcado al país, entre los dos sucesos pasaron 17 años, casi mi edad. El primero de esos episodios sucedió en 1968, una fecha que sin decir más ya habla demasiado, pues el 68 fue el año de una década mundial; el segundo episodio que marcó México sucedió el 19 de septiembre de 1985, cuando el gran terremoto destrozó la ciudad.
El escritor mexicano, Fabrizio Mejía Madrid, publicó en el año 2011 una novela en la que el personaje principal es Gustavo Díaz Ordaz. En ese libro, Mejía Madrid, logró plasmar un profundo retrato de uno de los monstruos más temibles, el presidente represor del 68. Ahora en 2013, Mejía Madrid nos trae un libro que habla del segundo episodio importante de la historia de México, el terremoto. Acompañada de las caricaturas de José Hernández, la pluma de Mejía Madrid, da testimonio de lo que la sociedad puede lograr cuando se siente amenazada, cuando sus gobernantes son indiferentes e ineficientes, cuando el mundo intenta tumbarte.
Sumergidos en el barrio de La Conchita, el escritor de estos dos libros accedió a darnos una entrevista en la que no sólo habla de Disparos en la Oscuridad y Zona de Desastre, en esta entrevista, el también articulista de Proceso, nos habló sobre Vida Digital, uno de sus últimos libros, y la política actual mexicana.
Los invito a escuchar la entrevista y dejar sus comentarios.
Link para dispositivos móviles
El escritor mexicano, Fabrizio Mejía Madrid, publicó en el año 2011 una novela en la que el personaje principal es Gustavo Díaz Ordaz. En ese libro, Mejía Madrid, logró plasmar un profundo retrato de uno de los monstruos más temibles, el presidente represor del 68. Ahora en 2013, Mejía Madrid nos trae un libro que habla del segundo episodio importante de la historia de México, el terremoto. Acompañada de las caricaturas de José Hernández, la pluma de Mejía Madrid, da testimonio de lo que la sociedad puede lograr cuando se siente amenazada, cuando sus gobernantes son indiferentes e ineficientes, cuando el mundo intenta tumbarte.
Sumergidos en el barrio de La Conchita, el escritor de estos dos libros accedió a darnos una entrevista en la que no sólo habla de Disparos en la Oscuridad y Zona de Desastre, en esta entrevista, el también articulista de Proceso, nos habló sobre Vida Digital, uno de sus últimos libros, y la política actual mexicana.
Los invito a escuchar la entrevista y dejar sus comentarios.
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jueves, 3 de enero de 2013
"El material literario se resiste a ser narrado"
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| Foto: @BaryPao |
![]() |
| Foto: @aikossss |
En esta entrevista Juan Villoro nos habla de su infancia, de su faceta de lector, de sus inicios en la escritura y de la política actual , así como también nos da su punto de vista del universo digital que cada vez es más pisado por los mexicanos.
http://www.ivoox.com/entrevista-juan-villoro-audios-mp3_rf_1683974_1.html
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