lunes, 23 de marzo de 2015

La libertad de escoger nuestras propias cadenas


El pasado 10 de marzo en su noticiero transmitido por MVS, la periodista Carmen Aristegui anunció la alianza estratégica de su noticiero y equipo de investigaciones especiales a la plataforma virtual naciente Mexicoleaks. La nueva plataforma está dirigida a la filtración de cables e información por parte de cualquier persona, esos cables serán tomados por los periodistas ligados a la plataforma para investigarlos y dar sustento con una investigación a profundidad. En otros países plataformas como Mexicoleaks han sido muy bien vistas, usadas por respetados medios que con sus filtraciones han dado grandes golpes a la corrupción. En el mismo noticiero en el que Aristegui anunció la unión de AristeguiNoticias con Mexicoleaks, cometió el error de también sumar a la empresa que financia su noticiero, MVS. El resultado del anuncio que hizo Aristegui aquel 10 de marzo es el despido de todo un equipo de noticias, una enorme cantidad de personas protestando por la salida de la periodista del aire, y un gran golpe contra el periodismo en México. 

Calificado por muchos “analistas”, el mismo MVS y hasta la Secretaría de Gobernación, el problema de Aristegui-MVS es un conflicto empresarial y privado. Aun cuando fuera sólo un conflicto privado y empresarial, estamos ante un conflicto con gran repercusión social. Dos problemas destacan del despido de Aristegui. El primero y el que más escándalo ha hecho en las protestas contra su despido es el de la libertad de expresión, cuando Aristegui fue despedida de W Radio al no tener el manto protector del viejo Polanco de Grupo Prisa, la única cadena que aceptó a Aristegui, y justamente por tener problemas con el gobierno, fue MVS. Las investigaciones han puesto en jaque al gobierno en más de una vez, pocos espacios informativos se han merecido tantos pronunciamientos por parte de la Presidencia de la República como los ha tenido Aristegui. Justamente una de las integrantes del equipo de Aristegui fue premiada recientemente por PEN Intenacional, asociación  que procura y demanda la libertad de expresión en el mundo. Aunque cada vez la apertura y la libertad de expresión en México es aparentemente más grande, su grandeza reposa sobre una cuerda floja que somete su aguante y estabilidad al humor, negocios y compromisos de los sumos sacerdotes del poder. 

El segundo problema y consigna dentro del tema Aristegui es la relación y repercusión que han tenido las últimas investigaciones del equipo para el gobierno de Enrique Peña Nieto. El caso de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y su burdel personal dentro del PRI-DF llevaron a problemas al partido al poder; pero lo que más dolió en Los Pinos fueron las investiagaciones publicadas en el marco de la licitación del tren México-Querétaro, la investigación de La Casa Blanca hizo que Peña Nieto, Angélica Rivera y Videgaray salieran ante las cámaras a dar “justificaciones” para sus casas millonarias hechas por la empresa más ha ganado de las administraciones de Peña Nieto. 

Diferentes problemas ha tenido Aristegui en su carrera para encontrar espacios completamente abiertos, recientemente fueron anunciados los ganadores para la concesión de las dos nuevas cadenas de televisión. El tener nuevas cadenas no garantiza mejor contenido ni más apertura, así como un espacio en las emisoras universitarias garantizan que Aristegui pueda seguir haciendo el trabajo que hasta ahora ha hecho (además que no sabemos de dónde comería). Cada espacio en medios está comprometido de alguna forma, incluso Aristegui debe tener sus propios compromisos ¿por qué no? Que la lleven a evitar algún tema o dar prioridad a otro, pero es justamente la libertad, la posibilidad de poder escoger nuestras propias cadenas es lo que nos hace libres.

Nos guste o no el trabajo de Aristegui, es importante que los ciudadanos alcemos la voz, y no sólo con este caso, pues con cada voz callada en el periodismo, ya sea quitándole su espacio o asesinándolos, los periodistas y la sociedad mexicana vamos perdiendo poco a poco la libertad que tanto nos ha costado. Me sumo al brazo de personas que ya apoyan al equipo de Aristegui para lanzar una piedra a la luna. Por Granados Chapa, por Monsiváis, por Scherer, por Leñero, por Gabo y por los que estamos construyendo nuestra voz, Aristegui se queda.  

viernes, 6 de marzo de 2015

Mariposas amarillas en el librero


Ahora que me siento como si estuviera frente al pelotón de fusilamiento, recuerdo que el primer libro de cuentos que leí completo se llama Doce cuentos peregrinos, que no fue mi intención leerlo,  sino que un día apareció en casa y por no tener más que hacer me puse a leer un libro que me llevaría a descubrir que la luz es como el agua y que la imaginación nos puede hacer navegar por lugares insospechados. También descubrí, con los seis o siete años que tenía, que hay mujeres que se alquilan… la de ese libro se alquilaba para soñar. Hace aproximadamente 15 años que ese libro me presentó a una bella durmiente que a falta de aviones en mi cotidianeidad, me he dedicado a buscar en cualquier tipo de transporte.

Hace ya casi un año que murió el Gabo, y su muerte me llevó a experimentar algo de lo más extraño. Por alguna razón hay quienes sienten ser más listos que otros por denostar a los grandes maestros, como si el haber hecho esa diatriba contra un grande lo pusiera un escalón encima de él sólo por haberla dicho. Recuerdo haber discutido con un sinfín de compañeros sobre el Gabo, en una facultad donde hay “revolucionarios”, “periodistas”, “escritores”, “políticos” y disque “científicos sociales, García Márquez era de los más nombrados, pero no para bien. Incluso maestros que se decían grandes periodistas (aun cuando en años no habían escrito nada más allá de su npombre) decían que Gabo no era periodista, que era un cuentacuentos barato al que la suerte le había dado el nobel. También estaban los compañeros que habían tocado la “alta literatura”, esos que habían convertido un ejemplar francés de La peste de Camus en libro sobaquero, y que la literatura de Márquez les parecía inferior. El día que murió el Gabo todos callaron.

García Márquez nos dio tanto que pasarán más de Cien años de soledad después de la muerte del último humano para que su marca se borre de este mundo. García Márquez nos dio geografía cuando junto a otros gritó al mundo que de este lado también se escribía, y se escribía bien; nos dio también una extensión geográfica con Macondo, una extensión geográfica porque ese lugar donde dicen vive el realismo mágico, es simplemente una reproducción generalizada de Latinoamérica a la que le han quitado el velo para magia misma del continente.

Uno de los primeros libros que leí empezando el semestre fue Noticia de un secuestro, esta mañana me puse a escribir un correo a la adjunta de esa materia para justificar mis últimas faltas, fue ahí que recordé que García Márquez cumpliría años hoy, corrí al librero y me encontré con las mariposas amarillas que ahí viven. Debo a Gabo, tal vez, mi vocación por contar historias, la escritura de cuentos tan apegada a la realidad que podrían ser crónicas periodísticas, Gabo me enseñó que el realismo mágico no es más que la realidad vista de una forma diferente.

Yo no vine a decir un discurso, yo sólo vine a mandar un correo; pero mientras pueda vivir para contarla voy a seguir agradeciendo todo lo que me dio Gabo.

martes, 3 de marzo de 2015

Solsticio de infarto de Jorge F. Hernández


  • Sólo los grandes escritores torean con pluma y libreta. 

¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué dirían nuestros amigos si muriéramos? ¿Cuál es nuestro legado? ¿Qué dejamos de nosotros al morir? En junio de 2011 el escritor Jorge F. Hernández obtuvo, sin querer, la respuesta a esas preguntas al enfrentarse a un infarto.


Solsticio de infarto (Almadía 2015) es el título, tomado de un artículo de él mismo en el diario Milenio, de un nuevo libro que reúne las columnas publicadas por el escritor de julio de 2010 a septiembre de 2012. El libro tiene como prólogo un texto publicado por Juan Villoro cuando el infarto sorprendió a Hernández, en ese texto Villoro hace una especie de obituario adelantado o lo que podría ser la necrológica merecida por Hernández, en donde Villoro recalca que hay quienes, como él pueden lastimar su corazón de tanto usarlo. El libro también tiene en la portada, diseñada por Alejandro Magallanes, un dibujo del escritor de La emperatriz de Lavapiés cargando un corazón gigante, que como lo dijo el mismo Magallanes en la presentación, “sólo su corazón es más grande que él”.

Parte del legado de Jorge está en este libro, su Agua de azar publicada por varios años en el periódico Milenio fue un espejo romántico, humorístico e iluminador para todos los lectores que por mucho tiempo sólo leíamos el diario para encontrarnos con esos pequeños cuentos o ensayos, con un poquito de lluvia como diría Lichi, que nos hacían ver la situación del país desde muchos otros ángulos, habilidad de los grandes escritores y la verdadera literatura, como dice Jorge “darle la vuelta a la cajetilla de cigarros”.  El Agua de azar que llegaba cada jueves en papel, se terminó a finales de octubre de 2014, sin embargo el escritor de Montón de piedras (Alfaguara) nos sigue deleitando con sus columnas con las Cartas de Cuévano en el diario español El País.

Torero de joven, Jorge cambió espada y muleta por pluma y libreta, para seguir sorteando la vida en el ruedo de la literatura. Ante una historia desafiante, altanera y retadora, Jorge se pone el traje de luces y con unos cuantos muletazos remata cuento, columna o novela con el guiño poético que caracteriza su prosa. Es por esto que aseguro que un escritor como Jorge, con gran corazón,  sigue siendo torero.

(Ezra Alcázar)

Dejo un video de la presentación que se hizo en la Feria del Libro de Minería el 1 de marzo de 2015



martes, 20 de enero de 2015

UNA EDITORIAL INDEPENDIENTE DE UNA SOLA PERSONA

La Cabra Ediciones es una de las muchas editoriales independientes que hoy en día luchan en el difícil mercado editorial mexicano. Resultado de la fructífera experiencia con la revista de poesía Alforja, La Cabra Ediciones es hoy en día la única editorial independiente hecha de una sola persona, la valiente enamorada de los libros y las artes, María Luisa Passarge. Para terminar el 2014 lanzaron cuatro libros que dan una muestra del abanico de géneros que se han atrevido a publicar.

  • ·         “Cuando hago cualquier libro intento estar siempre en contacto los autores, pues leo lo que me dan y dialogo con ellos para saber por qué pusieron tal o cual cosa. Y en libros de fotografía como El rostro de las letras fue mucho trabajo en conjunto para poder hacer que las fotografías dialogaran.”
  •  “Lo que caracteriza a La Cabra Ediciones es que yo hago tanto el trabajo de edición como el de diseño y formación, siempre de la mano con los autores.”




Rayuela: Cuaderno de lactura es una de las
más recientes publicaciones de La Cabra
—   ¿Antes de ser La Cabra Ediciones había algún antecedente?
—   El catálogo viene desde Alforja, una revista de 1979 que se dedicaba a la poesía y después nos formamos como editorial de poesía, y fue cuando terminó el proyecto de Alforja que nació La Cabra Ediciones.

—   ¿Cuántos libros lleva La Cabra Ediciones en su catálogo?
—   EL catálogo en general de La Cabra comprende alrededor de 50 títulos, de los cuales 10 han salido como La Cabra Ediciones, más o menos desde 2008.

—   ...con un catálogo variado
—   Sí, lo que pasa es que a partir de que yo me quedo con La Cabra, me interesa mucho abrir el abanico de género. La poesía sí me gusta mucho, pero el arte también, y el ensayo también.


—   ¿Qué tan difícil es llevar sola una editorial como La Cabra?
—   Es algo chistoso. Por ejemplo, yo hice la maestría de diseño y producción editorial en la UAM; fui conejillo de indias en la licenciatura de diseño y en la maestría. Mi tesis fue sobre las editoriales independientes, y lo que descubrí con mi tesis y el desarrollo del trabajo es que a La Cabra lo que la caracteriza es que, de las que conozco, la única editorial que es  de una sola persona; todas las otras editoriales son de dos, tres o más personas, y aquí soy yo la que hace todo. Además también hago yo misma el diseño, las otras editoriales están hechas por editores o escritores que ponen su negocio y contratan los otros trabajos como el diseño; aquí en La Cabra yo soy la editora y diseñadora.

—   ¿Y cómo vive una editorial independiente en el mercado mexicano donde las transnacionales controlan casi a todos los sellos?
—   Es muy complicado. Hay muchísimas cosas con las que el mundo editorial en general tiene que lidiar, grandes y chiquitas. Obviamente para las chiquitas es mucho más complicado. Está todo eso del término independiente, yo creo que somos lo menos independiente del mundo, porque yo no puedo sacar un libro sola, siempre necesito el apoyo de un coeditor o mecenas que me apoye con la producción. La política de las librerías: llegan los libros, están una semana en la mesa de las novedades y después de eso se pasan a los anaqueles normales; por ejemplo, de mis libros Músculo corazón, o cuando murió Lêdo Ivo, Carlos Montemayor, de repente son como picos en nuestras ventas; pero en realidad lo que nos funciona es que la gente pida nuestros libros, prácticamente piden los libros directamente a la editorial. A través de EDUCAL u otras distribuidoras hemos logrado que nuestros libros de poesía o ensayo no caduquen, por ejemplo, a través de EDUCAL  me reportan la venta de libros de 2005 o 2007, pero finalmente nunca recupero la inversión en un libro por las ventas. Y las librerías le dan un trato muy diferente a las editoriales chiquitas.



—   Y para los lectores que están leyendo ahora esta entrevista y están interesados en conseguir alguno de estos nuevos títulos ¿cómo pueden contactar a La Cabra?

—   En internet, en la página web www.lacabraediciones.com. Hay venta en línea y están todos los teléfonos de contacto. 






*Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de enero de 2015
http://www.liberacionmx.com/  

EL DUENDE SIGUE HACIENDO TRAVESURAS

Rogelio Cuéllar en el Parque México
Bautizado como El duende por Jorge Luis Borges, Rogelio Cuéllar (1950) ha retratado en sus más de 47 años de trabajo a los más grandes artistas que han pasado por México. Desde hace tres años emprendió, junto con María Luisa Passarge directora de la editorial La Cabra Ediciones, la tarea de formar dos libros sobre su obra; el primero es El rostro de las letras que ha visto la luz en una coedición con Conaculta, y El rostro de la plástica, dos proyectos que recuperan para el público gran parte de la memoria fotográfica de las artes en México.

EL rostro de las letras reúne 155 retratos de escritores entre los que se encuentran José Revueltas, Octavio Paz, Efraín Huerta y José Emilio Pacheco. El libro no se termina aquí, los retratos que ha hecho Cuéllar son miles y entre sus planes está el sacar un segundo tomo. 

—   ¿Cómo te haces un fotógrafo cultural?
—   Cuando fundamos La Jornada, todos los fotógrafos hacíamos de todas las fuentes y no existía especialización en nada. Yo, por ejemplo, comencé a hacer fotografía de futbol, pero me quedaban como ballet, todos brincando y bailando, aparte que nunca veía la pinche pelota. Con los políticos es morirse de aburrimiento, es un trabajo reiterativo y en el que me di cuenta de estar contribuyendo a la demagogia visual porque todos aparentan cargar niños, saludar viejitas… Por ejemplo, a Héctor García lo contrataban para las campañas presidenciales y con él me tocó trabajar en la campaña de López-Portillo y De la Madrid. Héctor nos contrataba a diez fotógrafos –nos pagaba el PRI–, nos prestaban equipo, nos daban rollos y hacían corte tres veces al día, nos los recogían. Era ver en cada pueblito la misma historia en la que van y saludan a la banderita con los niños, pero yo ya venía de Proceso, donde fotografié a los políticos con un sentido mucho más crítico e irónico, aunque tampoco sirve para nada porque las actitudes son iguales; los políticos son malos actores. Decidí que el mundo de la política no me interesaba en mi trabajo, y desde que trabajé en Difusión Cultural de la UNAM quedé atrapado en el universo de los creadores. Me pagaban por los festivales de teatro, por ver el ballet coreográfico de Gloria Contreras, y las grandes mesas y conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras, ese universo me jaló. Estar trabajando esos años en Difusión Cultural fue como hacer mi maestría o doctorado. Después trabajé en la Facultad de Filosofía y Letras cuando estaba Gonzalo Celorio como coordinador de extensión académica, ahí tuve mi plaza de técnico de medio tiempo, y mi trabajo consistía en fotografiar todas las conferencias, mesas redondas, simposios y demás, era padrísimo porque me pagaban por estar en conferencias. Desde esos años decidí que lo que yo quería en mi obra era a los creadores, aunque no descarto hacer chambas como las fotos que hice para la campaña a la presidencia de Creel.

—   Si no me equivoco, el primer escritor al que retrataste fue a Ricardo Garibay…
—   Sí, para una entrevista que le hizo Margarita García Flores para Radio UNAM, que era la entrevistadora de la época cuando estaba Gastón García Cantú como director de Difusión Cultural. Yo trabajaba como freelance haciendo la fotografía de todas las obras de teatro, danza y conferencias. Yo tenía 18 años cuando empecé a hacer esas fotos; en este nuevo libro publicado por La Cabra Ediciones, abarcamos fotografías de 47 años de trabajo. Las dos fotos más antiguas del libro son las de Monsiváis y Rulfo, del 69.

—   Tu primera exposición se llamó La vuelta al mundo en ochenta rollos, ¿en esa exposición ya retratabas a creadores de arte?
—   No. Fue mi primera exposición y fue en 1970. Esa exposición fue sobre los jóvenes, como trabajaba de freelance en muchas revistas (Sucesos para todos, Siempre, etcétera), siempre estaba en las manifestaciones, los movimientos sociales, fui a buscar a los hippies, manifestaciones de peace and love, también Avándaro me tocó. Esa primera exposición fue en una preparatoria en Salamanca y era básicamente sobre los jóvenes en México.

—   Y ahí regresa la relación con Ricardo Garibay…
—   Sí, él una vez me dijo “Yo necesito unas fotos para un libro” y yo estaba feliz porque eran para uno de sus primeros libros con Joaquín Mortiz (editorial). Me dijo “Bueno, yo quiero fotos, pero no tengo dinero. Te puedo invitar una tora o un café.” Yo le dije que aceptaba, pero quería las dos cosas. De ahí nació una gran admiración de mí para él, y por su parte era como un papá grande. Le gustaba convocar gente en su casa de Satélite y hacía tertulias a las que me comenzó a invitar, y para mí fue muy importante eso porque me di cuenta de que no sabía nada. Ellos hablaban de Bergman, Pasolini, Mafalda, Hemingway; ahí fue cuando yo dije “ya no regreso o comienzo a leer, aprendo y regreso”. Frecuenté mucho esas tertulias hasta que un día –eran dos salas, en una estaban los grandes y en otra nos tenían a los escuincles– me llamó hasta donde estaba él y se me abrió el universo. Entonces la UNAM para mí ha sido fundamental.
Para esa primera exposición yo le mostré las fotos a Garibay, a él le gustan y le digo “me gustaría que me escribiera un texto porque me invitaron a exponerlas”, y el texto de mi primera exposición a los 20 años fue escrito por Ricardo Garibay.

—   Este nuevo libro El rostro de las letras (La Cabra ediciones), es un libro que los que seguimos tu trabajo llevábamos un buen rato esperando desde que salió el pequeño catálogo Cuatro décadas del rostro de la plástica 1972-2011.
—   Ya había un pequeño antecedente de El rostro de las letras de 1997 y se hizo en la Biblioteca México de la Ciudadela. Es un catálogo, y lo que hacía falta era un libro. Para un fotógrafo, cuando va a tener un libro de fotografías, a lo que aspira uno es a tener algo muy bien diseñado y en un formato digno para lucir las fotografías.

—   Para esta gran edición de El rostro de las letras sí han conservado las fechas y los lugares donde se han tomado.
—   Aquí la clave es María Luisa Passarge que como editora me exigió que cada fotografía llevara fecha y lugar, lo cual implicó meterme a los negativos y revisar todos los datos que he ido anotando en ellos. Últimamente me interesa mucho la cronología de lo que he ido fotografiando, básicamente mi proceso creativo.

—   ¿Quién hizo el texto que acompaña las fotografías de El rostro mexicano de las letras?
—   Es un súper ensayo de Laura González Flores, que es la subdirectora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y se ha especializado en fotografía. Para mí ha sido un texto muy revelador, cuando me pregunto “¿A poco yo hago todo eso?” Es un análisis muy rico y muy agudo.
—   ¿Y conservas todos tus negativos?
—   Sí, yo creo que el 99 por ciento de mis negativos los tengo guardados. María Luisa me exigió esos datos para el libro, porque es parte del concepto. Es de una manera, una enciclopedia contemporánea de los creadores.

—   Para El rostro de las letras ¿cómo fue la selección de las fotografías?
—   Es muy interesante, por ejemplo, con José Revueltas es muy peculiar el concepto del diseño porque aparece el contacto fotográfico, en este caso de 6x6, de las once fotografías que le tomé en la secuencia la que me significa más es la que aparece amplificada. Aquí se muestran incluso los errores de revelado porque va todo el proceso histórico de esa foto, también se va viendo cómo voy encuadrando; a mí me interesa mucho que con este libro se logre ver el proceso creativo.
—   La mayoría de los escritores que salen retratados en este nuevo libro son escritores que han vivido en México o ¿cómo le hiciste para escogerlos?
—   La mayoría han hecho su obra aquí, como Tito Monterroso, Álvaro Mutis, García Márquez. Como en toda antología, a mí me hubiera gustado que estuvieran 300, pero fui quitando pensando en sacar un segundo tomo, pero fundamentalmente son escritores muy cercanos y muy admirados, cada uno de ellos me significa algo especial, aunque hay muchos a los que admiro mucho y no pudieron estar en este libro. Lo que sí me interesa con El rostro de las letras es que sea un mapa muy amplio y representativo de varias generaciones, no nada más los muy consagrados, sino también las generaciones más recientes. Parte de mi disciplina es tener un seguimiento de ellos, cualquier oportunidad que hay aprovecharla para hacer más fotografías, y como ya son parte de la familia es continuar con un diálogo que iniciamos con la primer fotografía.

—   Y en el caso de los escritores ¿a todos los has leído?
—   Sí, procuro eso. De ahí que de pronto a alguien que no conozco le digo que quiero verlo, platicar con él y leerlo. Inclusive llego a hacer fotos, hago un retrato, pero no tengo EL retrato. Intento saber qué escriben y conocer su universo.

—   Para los retratos que hemos visto que haces ¿cómo le haces, pones a los escritores a posar de alguna forma en especial?
—   No, simplemente me gustan mucho sus espacios, aunque recientemente para las últimas fotos lo que he hecho es sacarlos de su espacio para verlos en diferentes entornos. Me clavo mucho en el diálogo que se puede crear con la mirada, es siempre una exigencia de la mirada. Lo sabemos de la historia del arte, como en los retratos pictóricos te sigue la mirada.

—   Como la mirada de Borges.
—   Sí, para mí era un desafío. Yo sabía que estaba perdiendo la vista, y me clavé mucho en su mirada, en la búsqueda de la brillantez y luminosidad de sus ojos.

—   ¿Qué historias hay detrás de una foto, por ejemplo, a Octavio Paz?
—   En la foto de Octavio Paz saliendo de su estudio. Me recibe Marie Jo Paz, ya tenía cita con él, pero me dice Marie Jo “Dice Octavio que hoy no está de ánimo para que le hagas retratos”, y le dije “Ah, bueno, nomás quiero saludar”. Yo ya había acomodado mi tripié con una cámara 6x6, y antes que salga hago la primera foto, cuando va saliendo saco la segunda y ya que me dice que no puedo tomarle las fotos ese día, le pido que me haga un recadito de que sí vine pero que no me pudo recibir. Entonces Paz me hizo el recadito para Carlos Payán que nunca entregué, ese lo tengo yo.

—   Dice Esther Seligson en un texto sobre tu obra “el paso del tiempo no es el paso del hombre”, sin embargo tú en tu trabajo retratas el paso del tiempo sobre los artistas.
—   Justo es eso en lo que estriba el valor del libro, porque hay muchos a los que los he retratado durante muchos años. Tengo muchas mejores, supuestamente porque son más contemporáneas, pero escogí las que me significan mucho por la época. También me interesa mucho la dignidad de las personas que aunque estén viejos, sean retratados con la dignidad que se merecen.

—   Como la foto a Juan García Ponce.
—   Sí, es el portento. Él ya no podía escribir o mover nada salvo la cabeza, pero en la foto sale muy digno, con toda la fuerza que expresaba en sus libros.

—   Y podemos ver a lo largo del libro todo tu desarrollo, como en las últimas fotografías como la hecha al poeta Hernán Bravo Varela.
—   Sí, ahí ya hay unos encuadres más precisos. Las primeras fotos están hechas con una Pentax 35, ahora con el desarrollo que ha habido en la tecnología utilizo una Nikon o Canon, pero en el libro ha fotos de cámaras de 35mm y 6x6, que son dos formatos que me gustan mucho. Las últimas tres fotografías son hechas con cámaras digitales.

—   ¿Qué opinas de que ahora cualquier persona se crea o intente ser fotógrafo con la facilidad de un celular?
—   Hay una sobrevaloración de que ahora cualquiera ya con un dispositivo ya es fotógrafo. Sí, hay una gran ventaja y se pueden captar imágenes, pero yo creo que el sentido de mirar a través del objetivo, editar... –que es parte de lo que hace uno como fotógrafo, edita parte de la realidad–, la composición, las luces y las sombras, por eso me gusta tanto el blanco y negro, porque con ellos logras una síntesis desde el blanco blanco hasta el negro negro, con todos los grises que hay en medio. Hay una intuición que desarrolla uno como fotógrafo, viendo cine, teatro, danza, pintura, escultura.

—   ¿Y cómo vives el cambio tecnológico en tus herramientas de trabajo? ¿te gustan igual?
—   De lo analógico lo que me encanta es revelar el rollo, aparecer, imprimir ¡y que se me revele! Ahí está la palabra, se me va revelando la imagen y la voy viendo. En lo digital valoro la inmediatez y la capacidad. Sí utilizo las nuevas tecnologías para la fotografía, pero el placer de hacer fotografía en blanco y negro en mi negativo… no lo voy a dejar.

—   Es como los escritores que siguen escribiendo a mano.
—   Exacto. Garibay escribía primero con lápiz suave, después corregía con uno del número 2, después del 3, y ya al final lo hacía con tinta en pluma fuente. Es parte del mimo ritual del proceso creativo. Un día me dijo García Márquez, ya que él fue uno de los primeros que utilizó la Mac, que fue para él una revolución al momento de corregir y releer.

—   ¿Qué opinas que tus fotografías se hayan vuelto parte de la historia?
—   Bueno, a mí me da mucho gusto que ya están en la memoria colectiva. Yo no comencé a inventar el hilo negro, ni estoy haciendo nada nuevo, sino que todos los fotógrafos, de cualquier país y disciplina, de una manera u otra han retratado a sus contemporáneos. Si vemos a Mapplethorpe, pues Patti Smith, Andy Warhol, y todo ese universo que le tocó vivir. Sí hay una conciencia, y una conciencia de responsabilidad profesional que obtuve como intuición y que he ido desarrollando, de que ahora que soy más retratista estoy haciendo una memoria visual del acontecer cultural en México de la época que me toca vivir.

—   ¿Cómo podríamos considerar tu trabajo, como fotoperiodismo o como fotografía histórica?
—   Fotoperiodismo. Mi formación es como fotoperiodista freelance, ¿pero qué pasa con el periodismo? La foto o la nota de hoy es la noticia, pero mañana ya comienza a formar parte de la historia, es el proceso natural del periodismo. Otra característica de mi trabajo es el valor del archivo, del negativo físicamente con su clasificación, fecha y nombres; conservar y cuidar los negativos. Cuando en todos los periódicos eran operadores de cámara: oprimían su botoncito, imprimían su foto y dejaban pegados sus rollos en las paredes de los laboratorios, cumplían con la chamba mas no con s u profesión como fotógrafos.

—   Además de retratar a escritores y artistas, has hecho fotografía de muchas otras cosas…
—   Sí, es parte de mi disciplina estar registrando los movimientos sociales: las marchas de Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador (yo también creí en algún momento, aunque ahora no crea en ningún político ni ningún partido), pero los movimientos sociales me interesan mucho. Es parte de la tradición que aprendí de los grandes periodistas como Héctor García, Nacho López, Rodrigo Moya; es parte de mi responsabilidad social, profesional y personal. Fui a la manifestación del 20 de noviembre por disciplina de estar, porque era un momento histórico para México.

—   ¿Cuál es tu mejor foto?
—   La que tengo que hacer. Las mejores fotos son las que no he podido tomar.

—   ¿Siempre has pedido permiso para tomar una foto?
—   En los retratos sí, pero con las de la calle primero disparo y luego aviso.

—   ¿Qué nuevos proyectos vienen para 2015?

—   En corto y mediano plazo son hacer El rostro de la plástica, seguir trabajando a los escritores… tengo todavía muchos huecos tanto en escritores como artistas plásticos. De hecho tengo la beca del Sistema Nacional de Creadores y el proyecto es llenar esos huecos, trabajar hacia a atrás, organizar mis archivos y la digitalización.





 *Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de enero de 2015
http://www.liberacionmx.com/  

sábado, 20 de diciembre de 2014

SARAMAGO VUELVE A RETAR AL LECTOR DESDE LO MORAL Y LO LITERARIO

Pilar del Río, periodista, traductora y presidenta de la Fundación José Saramago, vino a México para presentar en la Feria Internacional de Guadalajara el nuevo libro del nobel portugués, donde se explora el negocio armamentístico y la responsabilidad personal.
Presentación del libro Alabardas en la Casa Universitaria del Libro.
José Narro Robles, Pilar del Río y Fernando Castañeda Sabido.


A mediados de 2009, José Saramago planteó en su blog la idea de escribir un libro donde trataría una idea que le había rondado la cabeza desde que le contaron la historia de una bomba que cayó en Badajoz (España) durante la Guerra Civil, pero que en lugar de explorar se abrió un mensaje escrito en portugués que decía “esta bomba no debe explotar”. Saramago escribió tres capítulos donde cuenta la historia de Artur Paz Semedo, un empleado contable de la fábrica de armas Producciones Belona S.A., que un día reflexiona sobre el poder y la destrucción, y cómo estos son los motores de la gran tragedia de la humanidad, las guerras. En esta edición de Alabardas, publicado por la editorial Alfaguara, participaron el escritor italiano Roberto Saviano, el nobel alemán Günter Grass y el poeta Fernando Gómez Aguilera.

—   ¿En qué momento y por qué decide Saramago escribir sobre el negocio armamentístico?
—   Saramago tenía la idea de una bomba que no va a explotar, pero esa idea lo venía acompañando desde hacía muchísimo tiempo, y la citaba. En un principio mencionó que le gustaría meter eso en un libro, pero no tenía la idea de hacer un libro completo que surgiera de esa historia. Hay una frase de un poema que dice “Quien se calla cuanto me callé/ no se podrá morir sin decir todo.” Yo creo que esas ideas que lo venían acompañando desde siempre, se le planteaban como una urgencia que aun sabiendo que probablemente no podría terminarla, pues tenía los días contados y lo sabía, se puso a escribirla con un empeño no sólo literario, sino moral.



—   ¿Cómo fue el proceso de escritura de Alabardas?
—   Años atrás, él había conocido Brazo de Prata (fábrica de armas en Lisboa), donde se presentó el libro y estuvieron Roberto Saviano y Baltazar Garzón. Saramago escribió esos tres capítulos, no en su sitio de trabajo pues estaba en casa con muchas dificultades de salud, pero con toda la capacidad creativa. Dejó tres capítulos acabados, y la novela ahí iba a hacer un quiebre, y estaba en el periodo de investigación de cómo podrían ser las fábricas de armas; y en ese proceso de investigación, lectura y búsqueda, fue cuando se puso definitivamente enfermo. Él sabía que la novela iba a hacer un giro, se desarrollaría una parte dentro de la fábrica y luego un final que podemos ver por las notas.

—   ¿Saramago dijo qué se debía hacer con la novela si no la terminaba?
—   Cuando te llega la muerte te da absolutamente igual cualquier cosa que esté pasando en el entorno. No hablamos nunca de eso. Entonces como no hablamos, la decisión es mía. Yo le vi leer obras inacabadas de otros autores, como el libro que estaba escribiendo Albert Camus cuando murió, incluso uno de los últimos libros que leyó antes de morir fue otra obra inacabada que yo le regalé de Thomas Maan.

—   ¿Cómo fue la traducción de este libro ahora que ya no está José para intercambiar opiniones?
—   No nos interferíamos, lo que sí hacíamos a veces es que nos leíamos fragmentos. Él leía lo que había escrito y yo le leía la traducción para ver cómo sonaba. A veces me decía “esta palabra no o esta sí…”, eran cosas mínimas. Para este libro José estaba ya muy mal, y yo me dedicaba absolutamente a José, él terminaba de escribir y yo no fui traduciendo. He traducido hasta la navidad pasada. Después de navidad me quedé un mes en Lanzarote y ahí empecé a traducir. Cuando él terminaba de escribir yo lo imprimía y los acomodaba en una carpeta roja, los quise tener ahí un tiempo para ver si lo terminaba, pero el día que recogí los folios, la impresora y el ordenador, fue como aceptar que la muerte había llegado definitivamente. El libro está tal cual como lo dejó Saramago.

—   ¿Cómo surge la idea de publicar estos tres capítulos con la colaboración de Roberto Saviano, Günter Grass y Fernando Gómez Aguilera?
—   Yo no quería publicarlo como un libro más, me parecía que el empeño ético de José se tenía que mostrar de alguna manera y pensamos que podían intervenir otros autores que de alguna forma hubieran estado relacionados con la violencia. Entonces quise esperar algo de tiempo, no quise que fuera una operación comercial, y cuando me di cuenta que era el centenario de la Guerra Mundial dije “¡vamos ahora!”. Mientras tanto, algunos de los autores que se habían planteado en un principio cuando pensamos en hacer un tomo colectivo contra la guerra, habían muerto o estaban con cáncer. Aun así la idea se mantuvo con Saviano y con Grass; uno que es una víctima y tiene que estar cuidado todo el tiempo, y otro que es un conocido antibelicista. Así que la idea se mantuvo y Fernando Gómez Aguilera contextualizó el libro.

—   En el texto escrito por Saviano para Alabardas, él cita a Saramago diciendo “Si estuviera en mis manos, yo no me iría nunca” Habiendo Saramago entendido y analizado la muerte desde Las intermitencias de la muerte, ¿cómo podemos interpretar esa cita?
—   Él lo que no quería era tener mil setecientos cuarenta y ocho años y ser una cosita como pasa, pero lo que sí decía era “yo cuando me muera quiero que pongan en mi lápida Aquí yace fulano de tal indignado, porque no se quería morir, pero quería seguir en plenitud y con toda su gente; lo que pasa es que eso era imposible. Sin embargo llega un momento en que uno se cansa, y él se cansó. Así como yo sabía que él quería mantenerse vivo cuando entró al hospital tan enfermo mientras escribía El viaje del elefante,  también me di cuenta que él ya aceptaba el final tranquilamente; es como cuando llega la noche y quieres dormir, y la muerte cuando te llega tu hora natural, no la de los 43 desaparecidos, lo que quiere es dormir y descansar.

—   En este tema de la responsabilidad personal, Roberto Saviano que participa en este nuevo libro, recientemente publicó CeroCeroCero donde a mi parecer no denuncia por completo la responsabilidad de los Estados Unidos en los problemas de la violencia y narcotráfico en México.
—   Yo he leído CeroCeroCero y me pareció un libro impresionante, y además debiéramos de leerlo todos. Fui más sensible a que faltaban datos de España y que él ha dicho que efectivamente tenía más, y tenía más también de Brasil; y de Estados Unidos habla de tantas empresas norteamericanas, de la banca… Seguramente le faltaron muchos datos, pero el mundo está transversal y piramidalmente atravesado por el narcotráfico. Pero a mí con los ejemplos que pone y las situaciones que describe de la banca norteamericana; pero es que yo creo que no le cabía el mundo entero en el libro. 

El lector normal necesita lo concreto para ver lo general, como con Artur Paz Semedo. Saviano escribió ese libro, al igual que Gomorra, porque de pequeño jugaba entre cadáveres; él no quiere hablar de la situación del mundo, habla de las personas concretas que en un determinado momento han tenido que tomar una decisión y la han tomado; desde el hombre del banco que dice que va a hacer una investigación, el periodista que se la juega, o directamente el que decide pasar al narcotráfico. A mí me parece que para escribir de estas historias en general, está muy bien escribir en lo particular, aunque eso signifique que le falte el capítulo de Brasil o México. Me parece un gran libro CeroCeroCero.


—   Pareciera que Saramago no deja de hablarle a los lectores en momentos tan duros como estos. Saramago dijo: “Podemos más de lo que imaginamos, podemos más de lo que creemos”
—   Justo ahora, el Grupo Podemos en España, que piensa que puede ganar las elecciones, nacen con esa frase. Saramago dijo en La Puerta del Sol “en el mundo existen dos superpotencias; una es Estados Unidos y la otra eres tú”. Con este libro, Alabardas, viene a decir lo mismo. Él no está propiciando un nuevo individualismo, pero sí reivindicando el valor del individuo; y que cada individuo es importante, y que puede mucho más de lo que cree. Este libro, claro es que una denuncia de las armas, de su fabricación, comercio y lo que hacen, pero sobre todo es el llamamiento a la necesidad de la responsabilidad personal. Es el libro de la responsabilidad de las personas, no pueden simplemente decir “es que no sabía” ¿cómo que no sabían los alemanes, que veían pasar los trenes cargados de gente y no se preguntaban dónde iban cuando volvían vacíos? ¿no veían salir humo? Podemos saber y tenemos que intervenir.

—   Saramago que siempre fue un hombre bien informado, tendría que decir algo sobre lo que vive actualmente México ¿cuál sería la postura de Saramago ante la violencia en la que vive el país?
—   Yo no voy a decir la postura de Saramago porque él no está para decirla, pero sí recuerdo la postura que tuvo ante la masacre de Acteal; me preguntan qué diría él, yo traigo Acteal.

—   Y la postura de Pilar del Río ¿cuál es?
—   La postura de Pilar del Río es que es algo intolerable. Es intolerable que desaparezcan 43 estudiantes, es intolerable que aparezcan fosas comunes, es intolerable que no se sepa quiénes son esas personas, es intolerable que todos los medios del estado no estén en estos momentos en solucionar las cosas. José decía de Colombia, que Colombia tenía que vomitar sus muertos, desenterrar sus muertos, porque si murieron quizás sin saber por qué, nosotros teníamos que saber por qué habían muerto. Es intolerable que los Estados no estén satisfaciendo las necesidades de los ciudadanos; y la primera necesidad es preservar la vida, y preservar la vida significa tener acceso a condiciones para encontrar trabajo, para tener alimentación, tener sanidad, y tener acceso a la cultura. ¿Qué es lo que está pasando? Algo imperdonable. Cuando la gente va a votar no vota para que los desaparezcan. Ojo, yo no digo que el gobierno sea el responsable, cuando veo “Peña Nieto, vete”, vale ¿y después? Lo que no debemos permitir es que exista este estado de cosas, y no es solamente por los de arriba, es que a lo mejor los de abajo… Y estamos otra vez en el tema de Alabardas porque lo hemos permitido, porque insisto, Peña Nieto fue votado, no vino por un golpe de estado. Aunque se hable de que los medios de comunicación orientaron el voto, ¿y la inteligencia? Es un problema complejo el de la democracia.

—   Y no es sólo Alabardas el que nos hace ponernos ante el espejo, basta recordar a los ciegos que no ven…
—   Pero esa es la responsabilidad de los ciegos: ciegos que viendo, no ven; y después de Ensayo sobre la ceguera vino Ensayo sobre la lucidez en donde la gente repente sin que le den consignas, solamente movidos por su conciencia, deciden que tienen que tomar una posición cívica; ante esa sociedad que toma su responsabilidad, el gobierno se tiene que ir y con él el sistema. Pero es porque la gente, esgrimiendo su voto, no como delegación de responsabilidad, sino como poder,  pasa lo que pasa.
Ilustración de Günter Grass que da portada al nuevo libro de Saramago.


—   Entonces Saramago no le habla al sistema ni lo invita a cambiar, sino que reta al lector y al ciudadano.
—   Los gobiernos tienen sus intereses, las llamadas razones de estado. Hace unos días el primer ministro de Italia argumentó, para la compra de una cantidad de armamento loca, que eran compromisos de estado que tenía que satisfacer. Yo grité “¿y no tienes el compromiso de estado con la gente?”, está cerrando hospitales, las carreteras son malas, el estado de derecho se cae, la sociedad de bienestar está que da carcajadas ¿y no tienes compromiso de estado con los habitantes? ¡Vete a la mierda!, como el final del libro de José.

—   Claro, un final que nos deja con el regusto de rellenar esas partes nosotros mismos. Pareciera que Saramago nos reta doblemente, desde la parte literaria y la parte moral. Vuelve Saramago a despertar a los lectores tranquilos para a desasosegarlos.
—   El miedo y la indiferencia son los peores males. Insisto, no es México, no es Portugal, no es España, no es Aznar ni Peña Nieto, es el sistema; y en ese sistema hay gobiernos más y menos cómplices.

—   Y los cómplices de abajo somos nosotros cuando somos indiferentes o nos resignamos a lo que pasa a nuestro alrededor…
—   … Artur Paz Semedo, que hace muy bien su trabajo y acaba el arma que va a matar a personas inocentes.

  *Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de diciembre de 2014
http://www.liberacionmx.com/