sábado, 20 de diciembre de 2014

SARAMAGO VUELVE A RETAR AL LECTOR DESDE LO MORAL Y LO LITERARIO

Pilar del Río, periodista, traductora y presidenta de la Fundación José Saramago, vino a México para presentar en la Feria Internacional de Guadalajara el nuevo libro del nobel portugués, donde se explora el negocio armamentístico y la responsabilidad personal.
Presentación del libro Alabardas en la Casa Universitaria del Libro.
José Narro Robles, Pilar del Río y Fernando Castañeda Sabido.


A mediados de 2009, José Saramago planteó en su blog la idea de escribir un libro donde trataría una idea que le había rondado la cabeza desde que le contaron la historia de una bomba que cayó en Badajoz (España) durante la Guerra Civil, pero que en lugar de explorar se abrió un mensaje escrito en portugués que decía “esta bomba no debe explotar”. Saramago escribió tres capítulos donde cuenta la historia de Artur Paz Semedo, un empleado contable de la fábrica de armas Producciones Belona S.A., que un día reflexiona sobre el poder y la destrucción, y cómo estos son los motores de la gran tragedia de la humanidad, las guerras. En esta edición de Alabardas, publicado por la editorial Alfaguara, participaron el escritor italiano Roberto Saviano, el nobel alemán Günter Grass y el poeta Fernando Gómez Aguilera.

   ¿En qué momento y por qué decide Saramago escribir sobre el negocio armamentístico?
   Saramago tenía la idea de una bomba que no va a explotar, pero esa idea lo venía acompañando desde hacía muchísimo tiempo, y la citaba. En un principio mencionó que le gustaría meter eso en un libro, pero no tenía la idea de hacer un libro completo que surgiera de esa historia. Hay una frase de un poema que dice “Quien se calla cuanto me callé/ no se podrá morir sin decir todo.” Yo creo que esas ideas que lo venían acompañando desde siempre, se le planteaban como una urgencia que aun sabiendo que probablemente no podría terminarla, pues tenía los días contados y lo sabía, se puso a escribirla con un empeño no sólo literario, sino moral.



   ¿Cómo fue el proceso de escritura de Alabardas?
   Años atrás, él había conocido Brazo de Prata (fábrica de armas en Lisboa), donde se presentó el libro y estuvieron Roberto Saviano y Baltazar Garzón. Saramago escribió esos tres capítulos, no en su sitio de trabajo pues estaba en casa con muchas dificultades de salud, pero con toda la capacidad creativa. Dejó tres capítulos acabados, y la novela ahí iba a hacer un quiebre, y estaba en el periodo de investigación de cómo podrían ser las fábricas de armas; y en ese proceso de investigación, lectura y búsqueda, fue cuando se puso definitivamente enfermo. Él sabía que la novela iba a hacer un giro, se desarrollaría una parte dentro de la fábrica y luego un final que podemos ver por las notas.

   ¿Saramago dijo qué se debía hacer con la novela si no la terminaba?
   Cuando te llega la muerte te da absolutamente igual cualquier cosa que esté pasando en el entorno. No hablamos nunca de eso. Entonces como no hablamos, la decisión es mía. Yo le vi leer obras inacabadas de otros autores, como el libro que estaba escribiendo Albert Camus cuando murió, incluso uno de los últimos libros que leyó antes de morir fue otra obra inacabada que yo le regalé de Thomas Maan.

   ¿Cómo fue la traducción de este libro ahora que ya no está José para intercambiar opiniones?
   No nos interferíamos, lo que sí hacíamos a veces es que nos leíamos fragmentos. Él leía lo que había escrito y yo le leía la traducción para ver cómo sonaba. A veces me decía “esta palabra no o esta sí…”, eran cosas mínimas. Para este libro José estaba ya muy mal, y yo me dedicaba absolutamente a José, él terminaba de escribir y yo no fui traduciendo. He traducido hasta la navidad pasada. Después de navidad me quedé un mes en Lanzarote y ahí empecé a traducir. Cuando él terminaba de escribir yo lo imprimía y los acomodaba en una carpeta roja, los quise tener ahí un tiempo para ver si lo terminaba, pero el día que recogí los folios, la impresora y el ordenador, fue como aceptar que la muerte había llegado definitivamente. El libro está tal cual como lo dejó Saramago.

   ¿Cómo surge la idea de publicar estos tres capítulos con la colaboración de Roberto Saviano, Günter Grass y Fernando Gómez Aguilera?
   Yo no quería publicarlo como un libro más, me parecía que el empeño ético de José se tenía que mostrar de alguna manera y pensamos que podían intervenir otros autores que de alguna forma hubieran estado relacionados con la violencia. Entonces quise esperar algo de tiempo, no quise que fuera una operación comercial, y cuando me di cuenta que era el centenario de la Guerra Mundial dije “¡vamos ahora!”. Mientras tanto, algunos de los autores que se habían planteado en un principio cuando pensamos en hacer un tomo colectivo contra la guerra, habían muerto o estaban con cáncer. Aun así la idea se mantuvo con Saviano y con Grass; uno que es una víctima y tiene que estar cuidado todo el tiempo, y otro que es un conocido antibelicista. Así que la idea se mantuvo y Fernando Gómez Aguilera contextualizó el libro.

   En el texto escrito por Saviano para Alabardas, él cita a Saramago diciendo “Si estuviera en mis manos, yo no me iría nunca” Habiendo Saramago entendido y analizado la muerte desde Las intermitencias de la muerte, ¿cómo podemos interpretar esa cita?
   Él lo que no quería era tener mil setecientos cuarenta y ocho años y ser una cosita como pasa, pero lo que sí decía era “yo cuando me muera quiero que pongan en mi lápida Aquí yace fulano de tal indignado, porque no se quería morir, pero quería seguir en plenitud y con toda su gente; lo que pasa es que eso era imposible. Sin embargo llega un momento en que uno se cansa, y él se cansó. Así como yo sabía que él quería mantenerse vivo cuando entró al hospital tan enfermo mientras escribía El viaje del elefante,  también me di cuenta que él ya aceptaba el final tranquilamente; es como cuando llega la noche y quieres dormir, y la muerte cuando te llega tu hora natural, no la de los 43 desaparecidos, lo que quiere es dormir y descansar.

   En este tema de la responsabilidad personal, Roberto Saviano que participa en este nuevo libro, recientemente publicó CeroCeroCero donde a mi parecer no denuncia por completo la responsabilidad de los Estados Unidos en los problemas de la violencia y narcotráfico en México.
   Yo he leído CeroCeroCero y me pareció un libro impresionante, y además debiéramos de leerlo todos. Fui más sensible a que faltaban datos de España y que él ha dicho que efectivamente tenía más, y tenía más también de Brasil; y de Estados Unidos habla de tantas empresas norteamericanas, de la banca… Seguramente le faltaron muchos datos, pero el mundo está transversal y piramidalmente atravesado por el narcotráfico. Pero a mí con los ejemplos que pone y las situaciones que describe de la banca norteamericana; pero es que yo creo que no le cabía el mundo entero en el libro. 

El lector normal necesita lo concreto para ver lo general, como con Artur Paz Semedo. Saviano escribió ese libro, al igual que Gomorra, porque de pequeño jugaba entre cadáveres; él no quiere hablar de la situación del mundo, habla de las personas concretas que en un determinado momento han tenido que tomar una decisión y la han tomado; desde el hombre del banco que dice que va a hacer una investigación, el periodista que se la juega, o directamente el que decide pasar al narcotráfico. A mí me parece que para escribir de estas historias en general, está muy bien escribir en lo particular, aunque eso signifique que le falte el capítulo de Brasil o México. Me parece un gran libro CeroCeroCero.


   Pareciera que Saramago no deja de hablarle a los lectores en momentos tan duros como estos. Saramago dijo: “Podemos más de lo que imaginamos, podemos más de lo que creemos”
   Justo ahora, el Grupo Podemos en España, que piensa que puede ganar las elecciones, nacen con esa frase. Saramago dijo en La Puerta del Sol “en el mundo existen dos superpotencias; una es Estados Unidos y la otra eres tú”. Con este libro, Alabardas, viene a decir lo mismo. Él no está propiciando un nuevo individualismo, pero sí reivindicando el valor del individuo; y que cada individuo es importante, y que puede mucho más de lo que cree. Este libro, claro es que una denuncia de las armas, de su fabricación, comercio y lo que hacen, pero sobre todo es el llamamiento a la necesidad de la responsabilidad personal. Es el libro de la responsabilidad de las personas, no pueden simplemente decir “es que no sabía” ¿cómo que no sabían los alemanes, que veían pasar los trenes cargados de gente y no se preguntaban dónde iban cuando volvían vacíos? ¿no veían salir humo? Podemos saber y tenemos que intervenir.

   Saramago que siempre fue un hombre bien informado, tendría que decir algo sobre lo que vive actualmente México ¿cuál sería la postura de Saramago ante la violencia en la que vive el país?
   Yo no voy a decir la postura de Saramago porque él no está para decirla, pero sí recuerdo la postura que tuvo ante la masacre de Acteal; me preguntan qué diría él, yo traigo Acteal.

   Y la postura de Pilar del Río ¿cuál es?
   La postura de Pilar del Río es que es algo intolerable. Es intolerable que desaparezcan 43 estudiantes, es intolerable que aparezcan fosas comunes, es intolerable que no se sepa quiénes son esas personas, es intolerable que todos los medios del estado no estén en estos momentos en solucionar las cosas. José decía de Colombia, que Colombia tenía que vomitar sus muertos, desenterrar sus muertos, porque si murieron quizás sin saber por qué, nosotros teníamos que saber por qué habían muerto. Es intolerable que los Estados no estén satisfaciendo las necesidades de los ciudadanos; y la primera necesidad es preservar la vida, y preservar la vida significa tener acceso a condiciones para encontrar trabajo, para tener alimentación, tener sanidad, y tener acceso a la cultura. ¿Qué es lo que está pasando? Algo imperdonable. Cuando la gente va a votar no vota para que los desaparezcan. Ojo, yo no digo que el gobierno sea el responsable, cuando veo “Peña Nieto, vete”, vale ¿y después? Lo que no debemos permitir es que exista este estado de cosas, y no es solamente por los de arriba, es que a lo mejor los de abajo… Y estamos otra vez en el tema de Alabardas porque lo hemos permitido, porque insisto, Peña Nieto fue votado, no vino por un golpe de estado. Aunque se hable de que los medios de comunicación orientaron el voto, ¿y la inteligencia? Es un problema complejo el de la democracia.

   Y no es sólo Alabardas el que nos hace ponernos ante el espejo, basta recordar a los ciegos que no ven…
   Pero esa es la responsabilidad de los ciegos: ciegos que viendo, no ven; y después de Ensayo sobre la ceguera vino Ensayo sobre la lucidez en donde la gente repente sin que le den consignas, solamente movidos por su conciencia, deciden que tienen que tomar una posición cívica; ante esa sociedad que toma su responsabilidad, el gobierno se tiene que ir y con él el sistema. Pero es porque la gente, esgrimiendo su voto, no como delegación de responsabilidad, sino como poder,  pasa lo que pasa.
Ilustración de Günter Grass que da portada al nuevo libro de Saramago.


   Entonces Saramago no le habla al sistema ni lo invita a cambiar, sino que reta al lector y al ciudadano.
   Los gobiernos tienen sus intereses, las llamadas razones de estado. Hace unos días el primer ministro de Italia argumentó, para la compra de una cantidad de armamento loca, que eran compromisos de estado que tenía que satisfacer. Yo grité “¿y no tienes el compromiso de estado con la gente?”, está cerrando hospitales, las carreteras son malas, el estado de derecho se cae, la sociedad de bienestar está que da carcajadas ¿y no tienes compromiso de estado con los habitantes? ¡Vete a la mierda!, como el final del libro de José.

   Claro, un final que nos deja con el regusto de rellenar esas partes nosotros mismos. Pareciera que Saramago nos reta doblemente, desde la parte literaria y la parte moral. Vuelve Saramago a despertar a los lectores tranquilos para a desasosegarlos.
   El miedo y la indiferencia son los peores males. Insisto, no es México, no es Portugal, no es España, no es Aznar ni Peña Nieto, es el sistema; y en ese sistema hay gobiernos más y menos cómplices.

   Y los cómplices de abajo somos nosotros cuando somos indiferentes o nos resignamos a lo que pasa a nuestro alrededor…
   … Artur Paz Semedo, que hace muy bien su trabajo y acaba el arma que va a matar a personas inocentes.

  *Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de diciembre de 2014
http://www.liberacionmx.com/  

miércoles, 18 de junio de 2014

Viendo el futbol desde el gallinero.

“Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, 
lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el 
círculo central, los elegidos saludan a la gente. Sólo
 entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol
 Son los nuestros. Los once de la tribu.”
JUAN VILLORO


Cuando uno tiene unas redes sociales tan diversas como mi Twitter y Facebook en temporada de reformas estructurales y Mundial de Futbol, es fácil encontrarse en el centro de discusiones inagotables. En esas discusiones es común identificar a los siguientes cuatro grupos:

·         Pamboleros de corazón: Estos aman el futbol. Todos los días, aunque no sepan en qué continente están los países en duelo, ellos viven el partido: lloran, se enojan, brincan y bailan con cada jugada. En los juegos de México son los más patriotas y al ver la camiseta verde con el águila mexicana les sale un grito de guerra que haría huir al tal Masiosare.
·         Revolucionarios: Estos odian el futbol. Al igual que los otros, se la viven frente a una pantalla, la diferencia es que estos están tuiteando el odio hacia el futbol, las conspiraciones que hay en torno al Mundial y diciendo que todos deberíamos hacer lo que ellos no hacen por hacer eso, protestar contra las reformas de Peña.
·         Indiferentes: A estos todo les vale un pito, o al menos eso dicen. Sí, les encanta estar frente a la pantalla escribiendo que nada les importa, que prefieren hablar con alguien más que ver el futbol, que prefieren irse a leer a Joyce que hablar de política o futbol porque eso es para “nacos” (aunque lo único que saben de Joyce es cómo se escribe y lo supieron por Wikipedia). Podríamos decir que este es el grupo que peor me cae, al parecer no les importa nada, pero se la pasan viendo qué ponen los demás para escribir que eso no les importa.
·         El tercer grupo no tiene una etiqueta tan sencilla, sólo puedo decir que somos lo del corazón partido. Nosotros disfrutamos de ver todo desde el gallinero, con una vista más amplia y objetiva. Sufrimos los golpes que echan de un lado para otro, pero tenemos la ventaja de también disfrutar los triunfos de cada lado.

El futbol en causas justas y en pro de la libertad de ideas

Cuenta Eduardo Galeano que en la España Franquista Santiago Bernabéu definía así la misión del Real Madrid: “Estamos prestando un servicio a la nación. Lo que queremos es tener contenta a la gente”, en esos mismos años el presidente del Atlético de Madrid, Vicente Calderón, dijo algo que complementaba lo dicho por su colega: “El futbol es bueno para que la gente no piense en otras cosas más peligrosas”. Así ha sido durante muchos años, entre dueños de clubes, televisoras, empresarios y políticos han convertido el futbol en una herramienta de usos múltiples; para distraer y someter, para hincharse los bolsillos de dinero, pero también para unir y empatar ideas como hizo el gobierno vasco cuando mandó en el año 1937 al equipo Euskadi a Francia y a otros países para hacer propaganda y recaudar fondos.

Otro de los momentos que más me han impactado de la historia del futbol y que me hace disfrutar más el ver un balón en la cancha es cuando en 1994 se promulgó en Brasil la Ley Pelé, que da libre albedrío a los jugadores para elegir el equipo con el que deseen jugar, y que obliga a los equipos soltar a los jugadores en cuanto su contrato termine.

Historias como las de arriba hay muchas, también hay otras macabras, pero si no exploramos e intentamos ver más allá del odio hacia el balón mágico que hipnotiza a las masas, quedaremos igual de hipnotizados por un odio sin sustento.

¿A qué viene tanto hablar de futbol y de dónde me salió el interés?

Sólo una vez he jugado fútbol y fue un acto de mero masoquismo, pues esa mañana me había esguinzado un dedo del pie izquierdo. Lejos de esa mañana de masoquismo brutal, nunca me ha interesado mucho el futbol, siempre creí que era algo más de hombres y que por eso no lo conocía, ya que en mi casa el único hombre era yo.

Con el tiempo le fui agarrando interés al asunto, me pareció impresionante que grandes personajes fueran fanáticos del futbol, personajes que a mi parecer de “revolucionario” de prepa no debían tener ni el más mínimo interés por algo tan absurdo. Después de esa sorpresa empecé a leer lo que personas como Eduardo Galeano, Juan Villoro, Eduardo Sacheri y Martín Caparrós, entre otros, tenían que decir sobre el futbol, sobra decir que me gustó y que me convencieron, que en el mundial actual he visto un montón de partidos y que más de uno he llegado a disfrutar.

Después de estar en los dos bandos principales de esta historia, puedo decir que lo mejor es estar viendo todo desde el gallinero, como lo hacía José Saramago en el Teatro de la Ópera cuando, siendo su familia muy pobre, un amigo de su padre lo dejaba entrar al teatro en Lisboa a ver y escuchar los actos desde el gallinero, donde él podía observar las verdades del teatro, ver todos los ángulos y descubrir que hay más allá; así también hizo Saramago en su última novela publicada que en realidad es la primera escrita, Claraboya, donde el narrador ve por la claraboya de un edificio la vida de sus inquilinos y conocer los ángulos de su vida y pensamiento.

Creo que podemos disfrutar el futbol como disfrutamos una película, una buena serie, o un libro, sin olvidarnos dónde estamos, sin olvidar que los problemas del país siguen aquí con o sin gol, con los pies bien en la tierra.


Uno de los problemas más grandes de la izquierda mexicana es que lo primero que buscan con los demás es encontrar en qué cosas no están de acuerdo. La palabra italiana que define al fanático de futbol es “tifoso”, alguien infectado e incurable, los que somos de izquierda o no, pero que hemos entendido la gravedad de las reformas de Peña Nieto debemos buscar la forma de hacer que los enfermos de futbol se interesen en más cosas, sin quitarles eso que ya está en su sangre, pero añadiendo algo que los hará más críticos ante el mundo que nos rodea como futbolistas a un balón en plena cancha. 



domingo, 6 de abril de 2014

El cerebro de mi hermano de Rafael Pérez Gay.


El 26 de mayo de 2013 murió el escritor, traductor, diplomático y difusor cultural José María Pérez Gay. En noviembre de ese mismo 2013 su hermano, el también escritor Rafa Pérez Gay publicó su libro El cerebro de mi hermano, donde hace un esbozo de la enfermedad, muerte, hermandad y lazos de unión con José María Pérez Gay.

En este libro escrito rápidamente, como para cerrar un libro de historia personal, encontramos un informe o parte espiritual sobre los últimos dos años de Pepe, como llama el escritor de este libro a su hermano. Este retrato personal sobre quién fue Pérez Gay se ve mezclado entre los episodios más pesarosos de la enfermedad, con algunos episodios de gozo en la familia Pérez Gay.

Aunque la lectura de sus 141 páginas la podríamos rápidamente hacer en cualquier punto del caótico tránsito de un viernes en la Ciudad de México, la recomendación de quien ahora escribe es que sea leído con tranquilidad, pues hay frases que pueden atravesar nuestra barrera sentimental hasta estropearla y dejar caer la melancolía que el libro nos transmite.

Algunas de las frases más estremecedoras son las siguientes:
  • En las amistades largas hay de todo: adquirimos el ungüento contra el dolor, el bálsamo que cura la desesperanza, la tableta de la tranquilidad, la pócima de la juventud y también, es cierto, el aceite de ricino del incordio y el jabón del perro de la discordia.
  • Algo serio pasaba en mi mundo: mi hermano mayor se había convertido en mi hijo.
  • La muerte es un hecho cruel que define la vida: sin la conciencia de ese acto sin retorno, nadie comprenderá la índole misma de la existencia.
  • La cabeza de Pepe se pierde sin remedio.
  • Busco regiones devastadas en mí mismo. Todos buscamos esas regiones cuando nos sorprende la adversidad.
  • Somos nuestra memoria. Si no recuerdas, dejas de ser alguien para convertirte en nadie.
  • Esto es lo que yo creo que es la hermandad: dos niños jugando a que son eternos.
Sólo una hermandad y amistad literaria tan fuerte podía dar como resultado esta sentimental y bien escrita ceremonia de los adioses, forzada por una dura enfermedad degenerativa.

Hoy, los restos de José María Pérez Gay descansan en los lugares que lo hicieron más feliz: el Parque España, la última universidad de Berlín en la que dio una conferencia y el patio trasero de la casa en la que vivió Sigmund Freud en Viena.

Este gran libro ya fue premiado con el Mazatlán de Literatura y tuvo su primera reimpresión en febrero de este año.

Les dejo el booktrailer del libro publicado por Seix Barral


El libro salvaje de Juan Villoro.


Dentro del marco de los festejos por los 80 años del Fondo de Cultura Económica se ha puesto en marcha la reedición de títulos de gran importancia para esta editorial. Uno de ellos es El libro salvaje que, como lo ha dicho el mismo Juan Villoro, se ha convertido en un clásico contemporáneo de la literatura juvenil en México.

A El libro salvaje se pueden acercar niños, jóvenes y adultos: un libro para las tres edades. El único requisito para leer este libro es tener curiosidad e interés en qué guardan esos libros que aún no hemos leído, en saber qué secretos e historias se esconden en ellos.

El libro cuenta la historia de Juan, un niño de 13 años que de un día para otro de queda sin sus planeadas vacaciones. El problema que ha provocado semejante situación no puede esperar ni un día para su solución, sus padres se separan.

Para que el divorcio no afecte la normalidad de Juan, su madre decide enviarlo a vivir unos días en casa del tío Tito, un bibliófilo empedernido. El tío vive entre libros, toma un extraño té de pipa, come sin destreza, teme a los osos de peluche y detesta el ruido.

Es en ese hábitat donde Juan descubrirá las aventuras que puede vivir vicariamente a través de un libro. Aprenderá también cómo un libro se enriquece o empobrece de acuerdo con su lector. Con la ayuda de Catalina, la chica linda de la farmacia, Juan emprenderá la búsqueda de El libro salvaje, un libro que no se deja leer.

Es este libro una versión extrema del contacto con los libros donde los lectores podremos entender y comprender de una mejor manera los desafíos que llegan a tener los escritores para conseguir un libro. Juan Villoro dijo en una entrevista que todo libro sin escribir es como un potro salvaje que hay que domar, Villoro ha domado decenas de libros y ahora nos invita a domar con la lectura este libro de aventura literaria.


martes, 25 de marzo de 2014

CeroCeroCero de Roberto Saviano.


Unos cuantos días antes de la detención de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, fue el lanzamiento del libro CeroCeroCero de Roberto Saviano. A ocho años de distancia de Gomorra, Saviano nos trae un nuevo libro sobre muerte y corrupción.

¿Por qué Roberto Saviano escribe sobre Colombia, África y España? ¿Por qué en las páginas de su nuevo libro hace especial énfasis en México? Las dos preguntas se contestan solas con el libro en la mano. “Cómo la cocaína gobierna al mundo” dice la portada del libro, pues la cocaína ya sea de Colombia o México, dos de los países con más producción y exportación de cocaína, ha tocado cada rincón del mundo.

El libro de Saviano empieza diciéndonos en la cara una verdad que sabemos pero que no siempre consideramos importante o que la realidad en la que vivimos nos la ha hecho pasar desapercibida. Nos dice Saviano que ya sea la persona que duerme a lado nuestro o el que nos vendió el periódico en el semáforo, siempre hay alguien dentro de las personas que conocemos que esnifa cocaína.

En el primer capítulo del libro, Saviano nos cuenta cómo un mafioso italiano da lecciones a los nuevos integrantes latinos de la “Onorata Societá” y cómo son estos las nuevas ramas que si saben trabajar podrán convertirse en un sector importante del tronco completo de la corrupción y el narcotráfico.

Saviano ha encontrado en México un parecido extraordinario con el crimen organizado en Italia, y es por eso que se centra mucho en él y lo describe de arriba abajo, cómo se ha desarrollado desde los primeros cárteles, cómo se organizaron y cómo se llegaron a transformar tantas zonas del país en zonas de guerra.

Es evidente que el libro no es una novela. El regusto del non-fiction novel está en muchos de los capítulos y la forma en que está contado no deja que uno suelte el libro, así como Saviano no pudo dejar de escribirlo. Pues hablar de la historia de la cocaína y de cómo se mueve actualmente es tan adictivo como el hacer uso de la droga.

Esnifar un reportaje sobre el Chapo, una entrevista con Caro Quintero, un capítulo de la serie elogiada por Mario Vargas Llosa, El patrón del mal. Esnifar la historia del narcotráfico como esnifar la misma cocaína ha llevado a Saviano a hundirse más en los secretos de la corrupción, pero también a descubrir que nunca puedes terminar, que nunca llegas a la verdad absoluta y que siempre existe una canallada peor, una tortura más miserable y un asesino con más sangre fría.

Sin duda el libro de Saviano es interesante, sin duda él ha arriesgado mucho por mostrar estos terribles negocios corruptos. El problema con el libro de Saviano es que le falta la denuncia hacia los políticos mexicanos, hay algo pero muy austero; hace falta también hablar de los Estados Unidos, qué tanta culpa tienen ellos en las armas que destruyen al país y qué papel juega y ha jugado la DEA en realidad ¿Son los que intentan impedir que la droga llegue a Estados Unidos? No ¿Son reguladores de droga o de violencia? ¿Podrá evitar la DEA que sin la legalización de la droga la violencia que ahora azota a México pueda algún día llegar a Estados Unidos?


La investigación de Saviano, como diría Carmen Aristegui, “no es cosa menor”, y en estos días de turbulencia noticiosa respecto al narcotráfico es bueno tener un marco histórico y de contexto mundial para entender cómo se da el proceso de movimiento en los cárteles de la droga. 

Les dejo el booktrailer del libro publicado por Anagrama. 


lunes, 20 de enero de 2014

El fin de las vacaciones

Hace más de tres años que mis periodos vacacionales son sumamente largos, dos o tres meses sin escuela contra mi semestre en la UNAM que en verdad es cuatrimestre. Las vacaciones son esos periodos de tiempo donde guardamos cientos de acciones y aventuras sin realizar. Los periodos escolares, e incluso más la primera semana de clases, están llenos de propuestas, de planeación para las vacaciones. Pasamos horas y horas con los colegas hablando de los lugares a donde queremos ir, de los libros que vamos a leer, las películas que ahora sí veremos, sin la molestia de las clases.

Me pregunto si un periodo vacacional será suficiente para hacer todas esas cosas planeadas. No lo sé. No es que sea algo imposible de descubrir, pero qué sería de nosotros si ya hubiéramos ido a todos esos museos, si ya conociéramos el final de todos esos libros.
Tengo una lista de tareas a realizar que se aparece en la planeación de cada periodo vacacional:

  • ·         Leer de corrido Finnegans Wake
  • ·         Ver un maratón de películas de Woody Allen, incluyendo Antz
  • ·         Escribir cada semana en el blog
  • ·         Ir a patinar en Reforma
  • ·         Ver tres noticieros al día
  • ·         Visitar un museo a la semana
  • ·         Conocer todas las librerías de viejo del DF
  • ·         Llevar a arreglar la bici
  • ·         Entrar a un gimnasio
  • ·         Pasar una semana sin abrir Facebook o Twitter (aceptémoslo, no se pueden los dos al mismo tiempo)
  • ·         Leer un periódico entero, de cabo a rabo. Incluyendo aquellas notas que nos enojan por estar mal hechas
  • ·         Darle una segunda oportunidad a Murakami


Sin embargo estas vacaciones las aproveché para reflexionar en algo. Descubrí que son esas cosas que nunca hacemos las que le dan sentido a nuestras vacaciones, el siempre tener algo que hacer es lo que le da sentido al añorado día en que acaba el curso.


He descubierto que yo, como aquellos personajes de Andrés Neuman, disfruto las cosas que no hago. El fin de las vacaciones llegará cuando el último punto de la lista se haya realizado.