lunes, 22 de junio de 2015

Entrevista con Mariana H.


Con una carrera en Comunicación y una maestría en Creación y Apreciación Literaria, Mariana H. ha tocado los diferentes medios posibles en el periodismo. Con la música y literatura en cada mano, ha logrado llevar a diferentes públicos contenidos que antes no estaban al alcance de todos.
Con la computadora y el micrófono en la mesa, Mariana nos recibe en su casa con el nuevo libro de Pancho Hinojosa en las manos para hablarnos de su carrera y la destreza con la que ha ligado sus gustos con su trabajo, haciendo de este su verdadera pasión.



   ¿Dónde estudiaste?
Estudié la carrera en el Tecnológico de Monterrey y la maestría en Casa Lamm. Me metí a un diplomado de literatura y justo se abrió la maestría, soy como la segunda generación en Creación y apreciación literaria, y fue lo único que me ha gustado de todo lo que he estudiado. La hice en el Tec porque fui muy mala estudiante, en la secundaria me fue fatal y el Tec Ciudad de México, el que está en Xochimilco,  acababa de abrir y estaba aceptando muchísima gente. Con el promedio que yo tenía una universidad como el Tec no me hubiera aceptado, o al menos esa es la teoría de mi mamá, entonces me metí ahí a hacer la prepa y ya me quedé ahí mismo a estudiar comunicación. No me arrepiento, los medios me gustan,  pero estaba muy poco enfocada la carrera en ese entonces, pero al final no me encantó porque la filosofía Tec no es lo mío.
   ¿Entraste pensando que ibas a trabajar en medios o por qué estudiaste Comunicación?
Porque lo que más me gustaba era el radio. Yo escuchaba estaciones de radio desde niña y me acuerdo que grababa mis programitas en un casete. Desde que estaba en la prepa ya quería hacer radio y un poco por eso estudié la carrera y había algunas materias que, con mi arrogancia de adolescente, no me importaba, yo decía ‘quiero hacer radio’, y luego luego que entré a la carrera, había una estación de radio ahí y me metí. Siempre tuve bien claro, y hasta la fecha, que lo que más me gusta hacer es radio.
   ¿En este proceso qué tuviste que pasar para enfocarte a la música y a la literatura?
Hay episodios vergonzosos: he hecho prensa escrita, radio musical, cultural (aunque no me gusta el término “cultural”), ahorita estoy haciendo televisión en Excélsior Televisión que es un canal de noticias e intento meterle ese tipo de contenido. Tengo la suerte, porque no todo el mundo tiene esa suerte, que las dos cosas que estudié, en la carrera y en la maestría, las he podido aplicar en lo que hago en mi vida laboral. Me sirvió porque la literatura y el radio combinan muy bien, siempre he creído que es el mejor matrimonio, el único que funciona. Literatura y televisión sí funciona y no es leer, entonces es hablar de un libro o hablar con un autor y está bien. Pero siempre son cosas de imaginación  y el radio combina el lenguaje con la imaginación, igual que la literatura. Me ha costado mucho porque lo que se conoce como contenido cultural, en muchas ocasiones está en manos de gente mamona que habla y dices ‘¡no mames! no entiendo nada’, porque se están luciendo como conductores para demostrar qué saben, en lugar de compartir la historia de un libro. Por ese tipo de concepto de “programa cultural”, no hay muchos espacios. Y es cierto que vende más hablas de las chichis de Ninel Conde porque estamos en un país que está acostumbrado a ese tipo de contenidos, entonces las empresas no le invierten tanto porque no ganan con esos contenidos. Pero la ventaja que yo he tenido es que mis jefes me han dejado meter ese contenido independientemente de la línea editorial de la empresa. Estaba en una estación de música electrónica horrible y a mí me valía madre y metía mi contenido de libros, también ponía su música horrible y esas cosas, pero lo he intentado hacer mucho por la libre. Lo que yo estudié lo pude traducir a radio y, cuando se puede, a tele también.
   ¿Te ha tocado hacer algo que no te guste?
Muchas veces. El primer programa que tuve en la XEW, que en ese entonces era ‘La voz de América Latina’, una institución de mucho culto. Me invitaron a un programa que ya conducía una chava y que se llamaba: Chavos, chismes y chilaquiles (risas). ¡Horrible! Era los sábados en la mañana y yo decía ‘el programa ni es mío, me están invitando’. Un día, yo ya estaba en la onda de Bob Dylan y llegaron unas chavas súper gordas que se llamaban “Las Curvas Peligrosas” y lo que yo siempre he dicho es que si eso te va a llevar al lugar que quieres estar, pues lo haces. A lo mejor “Las Curvas Peligrosas” no me iban a llevar pero es un programa donde a lo mejor iba a aprender a hacer una entrevista y eso te da algo, entonces es radio, en vivo y en cadena nacional, aunque sean cosas que no te gustan.
Una vez tuve un programa con Fernanda Tapia y Laura García, a quienes quiero muchísimo, en televisión. Se llamaba “Juntas ni difuntas” y era como de amamantar al bebé y yo pensaba: no tengo bebés, ni me interesa y me da asco la lactancia.  Pero es justo eso, siempre y cuando no estés violando tus propios principios, por ejemplo: si yo tengo que hacer una buena reseña de 50 sombras de Grey, prefiero no hacerlo porque es algo en lo que no creo, y así en términos de un montón de cosas. Pero si de alguna manera tú puedes tener un foro y decir tu opinión, porque me ha tocado, ahora tengo un programa que se llama “Entre mujeres” (no sé por qué siempre me toca trabajar con viejas), y hay una de esas chavas a la que le encanta 50 sombras de Grey entonces, te insisto, yo me puedo quedar en el programa si puedo decir ‘perdón, pero a mí me parece basura que va para señoras que hace mucho tiempo que no tienen una experiencia sexual atractiva’, ahí puedo entrarle a la discusión, pero si tengo que recomendar eso, ahí sí no le entro.
Eso pasa mucho con la política porque todos los medios de comunicación tienen una línea política. Por eso me molesta cuando dice “pinche Televisa” porque todos tiene una línea y tú decides si le entras o no, es una cuestión de ética personal. Yo creo que los que más lo sufren son los que tratan problemas de política, narcotráfico, etcétera; como le pasó a la misma Carmen Aristegui, quien se tuvo que ceñir a una política de medios.

   ¿Fue un gran cambio que pasaras de hablar de lo que te gusta a dar noticias en Excélsior?
Sí, hay una parte emocional que tiene que ver con que yo estuve 10 años con una pareja y tenía poca chamba, yo sola me administraba con todas mis actividades, entonces cuando me separo, me fui a la mierda. Porque tenía demasiado tiempo libre que dedicaba a esa persona. Me acuerdo que un día llegué con mi jefe en Grupo Imagen y le dije ‘no voy a hacer drama, pero me acabo de separar y necesito que si tienen nuevos proyectos…porque la empresa va creciendo, necesito ocuparme y necesito lana’ y él me dijo ‘¿entonces sí le vas a entrar a dar noticias?’ yo le respondí que sí y mi entrada en Excélsior sí fue para ocuparme en otras cosas y para crecer. Es una experiencia diferente e importante, yo entré con 38 años y estaba acostumbrada a solo hablar de música y de libros, entonces también quería madurar y entrarle a más contenidos.
Y sí me tengo que apegar a una línea editorial pero no me involucro a fondo con un contenido en el que no soy experta, pero al final eso te ayuda a crecer y tener la libertad de que mi contenido, el que me importa, poderlo meter, de hecho estoy haciendo un piloto para poder decir ‘aquí tengo mi chamba como conductora de noticias, pero lo que más me gusta hacer y lo que mejor sé hacer es esta otra cosa’. Entonces estoy buscando, sin un aumento de suelto y con más trabajo, es hacer ese espacio en televisión.
Otra cosa importante es que no tengo una ambición desmedida, no quiero ser famosa ni millonaria, yo lo que quiero es que lo que hago me guste, pero mi ambición es en realidad poder compartir eso que a nosotros nos gusta tanto y nos da tanto, poder compartirlo con un grupo de gente que le guste y lo aprecie.
   ¿Cómo seleccionas el contenido de cada programa?
 Cuando empecé, Guillermo Ortega tenía un noticiero en Reporte, después de que murió Radioactivo, el 98.5 FM lo hicieron Reporte 98.5. Por alguna razón le dije a Guillermo que me gustaba mucho hablar de libros y le propuse hacerle una recomendación una vez a la semana. Yo iba a la librería a buscar libros y checaba en los datos para buscar en contacto de las editoriales y les hablaba para explicarles que tenía una sección, yo gastaba mi dinero en los libros y así empecé, siendo absolutamente nadie, pero con el medio. Lo que más me sorprendía, y me sigue sorprendiendo,  es que es tanta la necesidad de difusión que me hacían caso. Una vez en el foro Shakespeare, hablé y les dije que quería hacer un reportaje sobre el lugar, a los diez minutos me contactó Bruno Bichir y yo me sorprendí, él me explicó que estaba haciendo el foro, me agradeció el espacio. Ahí me di cuenta que la danza, teatro, literatura y la música aunque un poco menos, necesitaban esa difusión.
Después me comenzaron a mandar libros, y esa es la suerte. Ahora gasto muy poco en libros, y sí lo hago es por algún clásico o por algún libro que presté. Pero las editoriales me tienen muy presente y me mandan las novedades. Lo que a mí me quita un poco es que hace años no leo un libro en inglés, pero para eso ya tendré tiempo.
   ¿Qué tanto caso haces del material que te mandan las editoriales?
Sí me han llegado libros como el de Karina Velasco de Cómo iluminarte y ser mejor mamá, pero lo que hago es que sé reconocer cuando hay basura y cuando no. Sí creo que en el camino de la lectura tú solo te vas involucrando y puedes leer Harry Potter y luego llegar a Crepúsculo y darte cuenta de que  Harry Potter era mejor y así puedes llegar hasta Borges o cualquier otro autor, ese camino es muy personal.
Todo ejercicio de lectura es bueno, no voy a leer a Karina Velasco porque siento que se me van a morir algunas neuronas. Hay libros muy nocivos, pero lo que hago es que si no me gusta no lo reseño, no voy a decir que es una mierda porque no quiero perder el tiempo en hablar de eso si puedo hacerlo de un libro bueno. Regalo muchos libros, dependiendo de a quién, por ejemplo, me gustan los libros para niños pero se los regalo al radioescucha que tiene hijos. Lo que procuro es no perder el tiempo.
En música, una vez una disquera me pidió que entrevistara a Yahir porque traía un disco buenísimo de música brasileña y dije que la iba a hacer porque a lo mejor este cuate sabía de música brasileña. Cuando llegó me saludó de: ‘hola, mi amor ¿cómo estás, preciosa?’ y yo me quedé de ¡Ay, no mames! No estoy enamorada de ti como todas las viejas. Entonces me puse mamona y le pregunté sobre la música brasileña y él me respondió ‘No, la verdad, princesa, a mí sólo me gusta Roberto Carlos’ y era un disco de covers de Roberto Carlos. Quedé bien con la disquera porque hice la entrevista, porque también hay que tener buenas relaciones, pero de pronto si llego a decir no porque es algo que no te va a servir.
   ¿Cómo llevas los saltos en los diferentes medios?
No he hecho nada, en todos me han puesto. He tenido suerte porque no soy muy ambiciosa, no soy tan propositiva, creo que tengo disciplina y en ese sentido me consideran y poco a poco me han ido llevando. Tengo varios espacios en radio que nos son mis programas pero, tengo una colaboración diaria con Jorge Fernández Menéndez, que es un periodista que yo admiro mucho y es un tipo muy culto al que tú le puedes hablar de Bach, de Andrés Calamaro o de Joaquín Sabina y sabe de todo, es un tipo que le interesa mucho y me honra mucho que me tenga a mí hablando de esos contenidos. Adela Micha me pidió para hablar, entonces son foros que yo aprovecho para hablar de mi contenido.
Creo que la base de radio y la carrera, me dieron las bases para poder ser todo terreno. He trabajado en canales que son de futbol, soy súper villamelón, soy la típica vieja que ve el Mundial completo con amor y entrega, pero que no sigue la Champions, la Concacaf, nada. Pero en ese tiempo que estuve en deportes, que no es nada lo mío, si le rascas encuentras que puedes hablar de Borges, Villoro, Galeano y un montón de escritores que hablar de futbol. Siempre hay, el deporte también es cultura. Entonces creo que me he mantenido firme a lo que conozco. Si te metes a un canal de noticias como es Excélsior y si te metes tantito a la información, ésta está ahí y te involucras. Por ejemplo, el caso de Ayotzinapa, tuve como invitado a un escritor chileno, Alberto Montt, y justo estábamos dando las noticias de los 43 desaparecidos y yo le decía ‘Bienvenido a México’. A veces sales del noticiero con el corazón apachurrado porque ves cosas que a lo mejor si no las tuvieras que estar diciendo, no te enteras.
Lo que es muy importante es que, aunque estés leyendo un prompter, tengas idea de lo que estás diciendo, porque el prompter falla y debes saber, son principios del periodismo y tener un contexto porque si no lo tienes se nota inmediatamente.
   Todo esto que haces en la literatura y en la música ha sido opinión…
Sí. Cuando yo comencé a hacer radio y lo escuchaba, en las estaciones lo que hacían era ir a Nueva York y Los Ángeles a comprarse discos, hacían su propia curaduría y esa información que te daban era muchísimo. Hoy lo que hacemos es buscarlo en internet, entonces lo que siempre he buscado es darle un extra que ya no es sólo la información. Decir por qué estás dando ese contenido, esa información. Tú, editorial informada, porque si no viene al caso, no lo dices.
El principio del periodismo es objetividad, en lugares se vale dar las opiniones viscerales, pero en un noticiero es dar la información y ya, por ejemplo, cuando se murió Julio Scherer, recordábamos que daba pocos adjetivos, se metía más a reportajes de fondo pero nunca daba comentarios o críticas sin un sustento. Sí es importante tener claro que el periodista facilita la información, que es el principio. También hay espacio para dar opinión pero hay que saber diferenciarlo.

   ¿Se puede lograr la objetividad?
   Sí se puede, sobre todo ahora que puedes tener tu canal de YouTube en una tarde, la bronca es: si deseas estar en una cadena nacional, en términos económicos y tecnológicos es muchísimo, y para llegar a todos eso para que te escuchen en el microbús, en línea y demás es caro. Entonces, si quieres tener ese alcance debes alinearte, no estoy diciendo que nunca puedas hablar mal del gobierno, Jorge Fernández da editoriales muy duras, que muchas veces lo podrían comprometer con la estación, pero estoy segura que muchas veces se detiene porque está en una estación. Muchas veces las personas lo hacen por la libre, en un canal donde dar las editoriales duras, pero ahí depende de a dónde quieres llegar a costa de tu seguridad y a favor de la información.
Otra cosa también es la facilidad en la que puedes poner un tuit, cuando en México se empezó a hacer muy famoso Twitter veías comentarios desde la muerte de Cerati y cosas en las que nos dimos cuenta que no importa si tengas Twitter o un canal o lo que sea, porque necesitas un sustento de las fuentes, de la comprobación, entonces puedes abrir el hocico. Estos medios no son fuentes si no tienes la posibilidad de comprobarlo.
En radio no se gana mucho a menos de que seas una figura importante, son unas cosas por otras, si quieres ganar mucho pues te tienes que alinear a una empresa y ni pedo.
   ¿Eres  consciente del alcance que tienes y de la influencia que tiene lo que dices en otras personas?
   Ahorita llevo 12 años en Imagen, antes estuve en Radiópolis, en W, y también un tiempo en RadioMil; nunca he sido famosa. Pasa de pronto que me escriban cosas muy importantes. Por ejemplo una vez me escribieron “El día que murió mi papá, estaba yo en el hospital de madrugada escuchando tu programa, mi papá me volteó a ver y dijo ‘¡qué bonita música!’, y al día siguiente se murió” ¡Puta! Eso para mí lo es todo. ¡Quién te inventa algo así! Y si sí me lo inventó, muchas gracias a ese radioescucha. Siento que es un público más sensible, es de madrugada, es música y se crea una conversación. Otra muy bonita es que el otro día fui a la Naval en Félix Cuevas, y me pasó algo que nunca me había pasado, pero llegó un señor y me dijo “Yo la vi a usted recomendando un libro en Cadena 3” y el gerente de la Naval también me había visto, y luego llegó otro que también me había visto recomendando un libro. Pero lo grandioso de esta historia es que el gerente de la Naval es súper lector, y el otro día pasé a dejarles varios libros que ya había leído y me habían mandado, a la semana siguiente hice un pedido y cuando llegó el chavo me dio una botella de vino de parte del gerente de la Naval, y me agradeció porque de los libros que les llevé, varios ya los había leído. Eso para mí es súper gratificante, es encontrar una respuesta que no me esperaba, que de pronto haces un comentario al aire y alguien se identifica con él; por eso también me gusta el radio, porque conserva esa idea de compañía. En la televisión también me llega a pasar que alguien me ve y como sabe que estoy en Excélsior me cuenta qué pasa en su colonia, y a veces la gente piensa que como estás en la tele, tienes cierto poder que en realidad no existe, a lo mejor López-Dóriga lo tiene. No necesariamente tenemos esa licencia para resolver problemas. El hecho de salir a cuadro es un trabajo, no es un premio, necesitas una paga; y no te da la capacidad para mover cosas como muchos quisiéramos, para beneficio personal o del país.
Excélsior Tv es un canal muy nuevo, con apenas año y medio, por cable, pero siempre he pensado que uno tiene que hacer el programa como si estuvieras en CNN el día que se cayeron las Torres Gemelas, tienes que hacerlo con ese compromiso, compromiso que a veces se olvida porque no se es consciente de quiénes te escuchan o te ven, pero tienes que tener el respeto como si te estuviera viendo el mundo entero.
   ¿Siempre lees a los escritores antes de entrevistarlos?
Sí, cuando yo empecé a hacer entrevistas no empecé porque quisiera entrevistar a escritores, fue porque yo leí un libro que me gustó mucho y dije “me encantaría platicar con este escritor”, y tenía la facilidad por el medio, así empecé. Muy pronto me di cuenta que muchos escritores me decían “muchas gracias por leer el libro”, y cómo que muchas gracias, si yo estoy queriendo hacer una entrevista, lo mínimo que puedo hacer es leer el libro. Me acuerdo que una vez Nicolás Alvarado me presentó con un escritor y le dijo “ella es de las pocas que lee los libro”. Qué indignante es… y te juro por mi vida que lo he visto, en ruedas de prensa, al periodista con el libro todavía con el celofán puesto y pregunta de qué se trata el libro. Ha habido veces que no puedo leer el libro completo, pero hago todo lo posible para preparar una entrevista digna, pero es muy riesgoso. Decir que te leíste un libro sin haberlo leído es como decir que te cogiste a una vieja sin habértela cogido, en cualquier detalle se te puede ir la verdad y es muy vergonzoso. Yo hago un esfuerzo, si tengo dos horas me voy a un café y me siento a leer, y es trabajo. Es por respeto al autor, y porque si vas a tener un programa de libros es porque te gusta leer.
   ¿Preparas las entrevistas o improvisas?
   No, tengo mi cuadernito. Soy muy mala preguntadora, porque no hago preguntas muy concretas, a veces pasa que digo “En este libro la muerte es muy importante”, y si me encuentro con un entrevistado mamón, me puede decir que sí y ya. Lo que hago es que rayo el libro y me hago una guía muy genérica que se va deslizando por algún personaje en especial y esas cosas. Hay muchas entrevistas que fluyen increíblemente desde la primera pregunta y hay otras, incluso con gente que conozco, que no fluye. La peor entrevista de mi vida fue con mi exnovio, cuando todavía era mi novio, yo sabía todo del disco, y nos congelamos. Era Fobia, y se acababan de reunir después de muchos años, y les dije por… listilla, “ustedes ya tuvieron todas las viejas, la fama, la lana, ¿qué los motiva para juntarse?” y el güey me dijo “pues las viejas, la fama, la lana…”, y me chingó, porque le quise meter y me la voltearon. Al final me dijeron “no vuelvo a venir a entrevista contigo”. Ricardo Rocha daba un consejo, yo del entrevistado quiero saber lo principal, hay que informar para hacer una buena entrevista, pero no hay que saber todo, porque lo que yo quiero preguntar es lo que la gente también se estará preguntando. Hay que preparar un contexto para que el más sabio y el más ignorante puedan entender. Hay que saber contar el cuento sin revelar, enganchar. Hay que saber bajar el balón.

   ¿Escribes?
Sí. Antes escribía más, sin pudor que es como creo que se debe hacer. Pero mientras más leo y entrevisto autores, menos escribo, porque me da pudor. Escribí durante muchos años un blog en Dixo, que no está muy bien escrito, pero tiene dos o tres cosas buenas. Cuando empecé la maestría llevaba yo mis textos, había taller. Alguien que fue fundamental para mí fue Eduardo Casar porque yo escribía muy cursi, y de pronto era tan cursi que la gente se reía porque pensaban que yo era irónica. Después empecé a escribir crónicas y Casar se cagaba de risa, me decía “ahí está”, justamente a Pancho Hinojosa me lo dio a leer Casar, me dijo “lee a este güey porque tienes algo de humor, y eso es muy difícil, y empecé a escribir mucha más crónica de humor, que es lo que más me gusta. Escribí un libro que se llama Elefantes, arañas y demás cuestiones de vida o muerte con aforismos, textitos y pseudo poemas como proyecto final de la maestría. He escrito en varias revistas de música, con Los suicidas también escribí crónicas del tráfico, la pena de amor y eso. De pronto lo hago, pero le tengo tanto respeto a la literatura y al ritual que no lo he vuelto a hacer. Tendrá que salir algo, pero sí me da terror. Hace poco me pidieron un cuento y salió como el agua, lo disfruté mucho. Hay tres cosas bien complicadas en la literatura: el humor, el erotismo y el terror; cuando realmente conecta, me parece genial. Me gustaría retomar la escritura, pero creo que necesito más confianza. 

lunes, 8 de junio de 2015

Solsticio de Infarto de Jorge F. Hernández

Mira el video de la mini entrevista a Jorge F. Hernández por Solsticio de infarto publicado por Almadía.

Entrevista para el portal FernandaTapia.tv

jueves, 28 de mayo de 2015

Llegar con la tinta a salvo #UberSeQueda #EnDefensaDeUber


Los converse mojados reposan en los pies del otro asiento, mis pies todavía con algunas gotas y temblando de frío buscan abrigo bajo el tapete que en las esquinas dice “Ford”. Escribo con la tenue luz del Ikon que me lleva a casa de mi madre, no sé bien cómo llegar, pedí un Uber y los dos, chofer y yo, confiamos nuestras vidas al GPS que nos hace navegar por una ciudad inundada.

Las recientes protestas contra Uber son las que me han llevado a sacar mi pluma fuente y mi pequeña Moleskine morada en medio del tránsito de Insurgentes. Llevo más de siete meses usando el servicio de Uber y lo que más me gusta de ello es la seguridad que me da cada viaje.

Ya lo he contado en otras ocasiones, pero la situación a la que se enfrenta la Ciudad “progresiva” de los chilangos y su transporte púbico me lleva a tener que escribirlo otra vez. Hace varios años, cuando era más niño de lo que sigo siendo (aunque ahora con barba), mi madre sufrió un secuestro exprés en un taxi cuando salía de madrugada de una cirugía de varias horas. No sé si era un taxi pirata o legal, no sé si robaban por necesidad o por pura mala leche, no sé si aquellos maleantes siguen haciendo de las suyas o ya fueron atrapados, no sé si siguen vivos, no sé si me he subido alguna vez a ese mismo taxi pero con mejor suerte que mi madre; lo que sí sé es que las horas de angustia que vivió mi madre y el miedo que yo sigo sintiendo cada vez que ella se sube sola a uno de esos vehículos ahora rosas, nos cala en los huesos y nos hace recordar lo vulnerables que somos.

Después de darle un buen susto, sacarle el dinero que traía suelto y en las tarjetas, los asaltantes (o secuestradores de un ratito) la botaron lejos de toda civilización. Hace un par de años me tocó ver cómo bajaban a una chica de un taxi mientras el Tsuru con luces neón salía volando. La chic se acercó al auto en el que estaba y pidió ayuda desesperada. El taxista la había obligado a hacerle una felación mientras daban vueltas en el auto, le quitó su celular y el poco dinero con el que viajaba para dejarla lejos de su destino.


¿Es necesario que relate más anécdotas del horror para entender por qué yo y muchos otros usamos Uber? Uso Uber porque sus autos son limpios, uso Uber porque puedo leer cómodamente en sus asientos, uso Uber porque no sé cómo llegar a muchos lugares, uso Uber porque en ellos puedo montar a amigos ahogados en alcohol con la seguridad de que llegarán con bien a sus casas, uso Uber porque en ellos puedo escribir, uso Uber porque aunque suene a lugar común “lo barato sale caro”. Uso Uber porque, como ahora, he llegado fácil y rápido a mi destino con la tinta a salvo. 

lunes, 23 de marzo de 2015

La libertad de escoger nuestras propias cadenas


El pasado 10 de marzo en su noticiero transmitido por MVS, la periodista Carmen Aristegui anunció la alianza estratégica de su noticiero y equipo de investigaciones especiales a la plataforma virtual naciente Mexicoleaks. La nueva plataforma está dirigida a la filtración de cables e información por parte de cualquier persona, esos cables serán tomados por los periodistas ligados a la plataforma para investigarlos y dar sustento con una investigación a profundidad. En otros países plataformas como Mexicoleaks han sido muy bien vistas, usadas por respetados medios que con sus filtraciones han dado grandes golpes a la corrupción. En el mismo noticiero en el que Aristegui anunció la unión de AristeguiNoticias con Mexicoleaks, cometió el error de también sumar a la empresa que financia su noticiero, MVS. El resultado del anuncio que hizo Aristegui aquel 10 de marzo es el despido de todo un equipo de noticias, una enorme cantidad de personas protestando por la salida de la periodista del aire, y un gran golpe contra el periodismo en México. 

Calificado por muchos “analistas”, el mismo MVS y hasta la Secretaría de Gobernación, el problema de Aristegui-MVS es un conflicto empresarial y privado. Aun cuando fuera sólo un conflicto privado y empresarial, estamos ante un conflicto con gran repercusión social. Dos problemas destacan del despido de Aristegui. El primero y el que más escándalo ha hecho en las protestas contra su despido es el de la libertad de expresión, cuando Aristegui fue despedida de W Radio al no tener el manto protector del viejo Polanco de Grupo Prisa, la única cadena que aceptó a Aristegui, y justamente por tener problemas con el gobierno, fue MVS. Las investigaciones han puesto en jaque al gobierno en más de una vez, pocos espacios informativos se han merecido tantos pronunciamientos por parte de la Presidencia de la República como los ha tenido Aristegui. Justamente una de las integrantes del equipo de Aristegui fue premiada recientemente por PEN Intenacional, asociación  que procura y demanda la libertad de expresión en el mundo. Aunque cada vez la apertura y la libertad de expresión en México es aparentemente más grande, su grandeza reposa sobre una cuerda floja que somete su aguante y estabilidad al humor, negocios y compromisos de los sumos sacerdotes del poder. 

El segundo problema y consigna dentro del tema Aristegui es la relación y repercusión que han tenido las últimas investigaciones del equipo para el gobierno de Enrique Peña Nieto. El caso de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y su burdel personal dentro del PRI-DF llevaron a problemas al partido al poder; pero lo que más dolió en Los Pinos fueron las investiagaciones publicadas en el marco de la licitación del tren México-Querétaro, la investigación de La Casa Blanca hizo que Peña Nieto, Angélica Rivera y Videgaray salieran ante las cámaras a dar “justificaciones” para sus casas millonarias hechas por la empresa más ha ganado de las administraciones de Peña Nieto. 

Diferentes problemas ha tenido Aristegui en su carrera para encontrar espacios completamente abiertos, recientemente fueron anunciados los ganadores para la concesión de las dos nuevas cadenas de televisión. El tener nuevas cadenas no garantiza mejor contenido ni más apertura, así como un espacio en las emisoras universitarias garantizan que Aristegui pueda seguir haciendo el trabajo que hasta ahora ha hecho (además que no sabemos de dónde comería). Cada espacio en medios está comprometido de alguna forma, incluso Aristegui debe tener sus propios compromisos ¿por qué no? Que la lleven a evitar algún tema o dar prioridad a otro, pero es justamente la libertad, la posibilidad de poder escoger nuestras propias cadenas es lo que nos hace libres.

Nos guste o no el trabajo de Aristegui, es importante que los ciudadanos alcemos la voz, y no sólo con este caso, pues con cada voz callada en el periodismo, ya sea quitándole su espacio o asesinándolos, los periodistas y la sociedad mexicana vamos perdiendo poco a poco la libertad que tanto nos ha costado. Me sumo al brazo de personas que ya apoyan al equipo de Aristegui para lanzar una piedra a la luna. Por Granados Chapa, por Monsiváis, por Scherer, por Leñero, por Gabo y por los que estamos construyendo nuestra voz, Aristegui se queda.  

viernes, 6 de marzo de 2015

Mariposas amarillas en el librero


Ahora que me siento como si estuviera frente al pelotón de fusilamiento, recuerdo que el primer libro de cuentos que leí completo se llama Doce cuentos peregrinos, que no fue mi intención leerlo,  sino que un día apareció en casa y por no tener más que hacer me puse a leer un libro que me llevaría a descubrir que la luz es como el agua y que la imaginación nos puede hacer navegar por lugares insospechados. También descubrí, con los seis o siete años que tenía, que hay mujeres que se alquilan… la de ese libro se alquilaba para soñar. Hace aproximadamente 15 años que ese libro me presentó a una bella durmiente que a falta de aviones en mi cotidianeidad, me he dedicado a buscar en cualquier tipo de transporte.

Hace ya casi un año que murió el Gabo, y su muerte me llevó a experimentar algo de lo más extraño. Por alguna razón hay quienes sienten ser más listos que otros por denostar a los grandes maestros, como si el haber hecho esa diatriba contra un grande lo pusiera un escalón encima de él sólo por haberla dicho. Recuerdo haber discutido con un sinfín de compañeros sobre el Gabo, en una facultad donde hay “revolucionarios”, “periodistas”, “escritores”, “políticos” y disque “científicos sociales, García Márquez era de los más nombrados, pero no para bien. Incluso maestros que se decían grandes periodistas (aun cuando en años no habían escrito nada más allá de su npombre) decían que Gabo no era periodista, que era un cuentacuentos barato al que la suerte le había dado el nobel. También estaban los compañeros que habían tocado la “alta literatura”, esos que habían convertido un ejemplar francés de La peste de Camus en libro sobaquero, y que la literatura de Márquez les parecía inferior. El día que murió el Gabo todos callaron.

García Márquez nos dio tanto que pasarán más de Cien años de soledad después de la muerte del último humano para que su marca se borre de este mundo. García Márquez nos dio geografía cuando junto a otros gritó al mundo que de este lado también se escribía, y se escribía bien; nos dio también una extensión geográfica con Macondo, una extensión geográfica porque ese lugar donde dicen vive el realismo mágico, es simplemente una reproducción generalizada de Latinoamérica a la que le han quitado el velo para magia misma del continente.

Uno de los primeros libros que leí empezando el semestre fue Noticia de un secuestro, esta mañana me puse a escribir un correo a la adjunta de esa materia para justificar mis últimas faltas, fue ahí que recordé que García Márquez cumpliría años hoy, corrí al librero y me encontré con las mariposas amarillas que ahí viven. Debo a Gabo, tal vez, mi vocación por contar historias, la escritura de cuentos tan apegada a la realidad que podrían ser crónicas periodísticas, Gabo me enseñó que el realismo mágico no es más que la realidad vista de una forma diferente.

Yo no vine a decir un discurso, yo sólo vine a mandar un correo; pero mientras pueda vivir para contarla voy a seguir agradeciendo todo lo que me dio Gabo.

martes, 3 de marzo de 2015

Solsticio de infarto de Jorge F. Hernández


  • Sólo los grandes escritores torean con pluma y libreta. 

¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué dirían nuestros amigos si muriéramos? ¿Cuál es nuestro legado? ¿Qué dejamos de nosotros al morir? En junio de 2011 el escritor Jorge F. Hernández obtuvo, sin querer, la respuesta a esas preguntas al enfrentarse a un infarto.


Solsticio de infarto (Almadía 2015) es el título, tomado de un artículo de él mismo en el diario Milenio, de un nuevo libro que reúne las columnas publicadas por el escritor de julio de 2010 a septiembre de 2012. El libro tiene como prólogo un texto publicado por Juan Villoro cuando el infarto sorprendió a Hernández, en ese texto Villoro hace una especie de obituario adelantado o lo que podría ser la necrológica merecida por Hernández, en donde Villoro recalca que hay quienes, como él pueden lastimar su corazón de tanto usarlo. El libro también tiene en la portada, diseñada por Alejandro Magallanes, un dibujo del escritor de La emperatriz de Lavapiés cargando un corazón gigante, que como lo dijo el mismo Magallanes en la presentación, “sólo su corazón es más grande que él”.

Parte del legado de Jorge está en este libro, su Agua de azar publicada por varios años en el periódico Milenio fue un espejo romántico, humorístico e iluminador para todos los lectores que por mucho tiempo sólo leíamos el diario para encontrarnos con esos pequeños cuentos o ensayos, con un poquito de lluvia como diría Lichi, que nos hacían ver la situación del país desde muchos otros ángulos, habilidad de los grandes escritores y la verdadera literatura, como dice Jorge “darle la vuelta a la cajetilla de cigarros”.  El Agua de azar que llegaba cada jueves en papel, se terminó a finales de octubre de 2014, sin embargo el escritor de Montón de piedras (Alfaguara) nos sigue deleitando con sus columnas con las Cartas de Cuévano en el diario español El País.

Torero de joven, Jorge cambió espada y muleta por pluma y libreta, para seguir sorteando la vida en el ruedo de la literatura. Ante una historia desafiante, altanera y retadora, Jorge se pone el traje de luces y con unos cuantos muletazos remata cuento, columna o novela con el guiño poético que caracteriza su prosa. Es por esto que aseguro que un escritor como Jorge, con gran corazón,  sigue siendo torero.

(Ezra Alcázar)

Dejo un video de la presentación que se hizo en la Feria del Libro de Minería el 1 de marzo de 2015



martes, 20 de enero de 2015

UNA EDITORIAL INDEPENDIENTE DE UNA SOLA PERSONA

La Cabra Ediciones es una de las muchas editoriales independientes que hoy en día luchan en el difícil mercado editorial mexicano. Resultado de la fructífera experiencia con la revista de poesía Alforja, La Cabra Ediciones es hoy en día la única editorial independiente hecha de una sola persona, la valiente enamorada de los libros y las artes, María Luisa Passarge. Para terminar el 2014 lanzaron cuatro libros que dan una muestra del abanico de géneros que se han atrevido a publicar.

  • ·         “Cuando hago cualquier libro intento estar siempre en contacto los autores, pues leo lo que me dan y dialogo con ellos para saber por qué pusieron tal o cual cosa. Y en libros de fotografía como El rostro de las letras fue mucho trabajo en conjunto para poder hacer que las fotografías dialogaran.”
  •  “Lo que caracteriza a La Cabra Ediciones es que yo hago tanto el trabajo de edición como el de diseño y formación, siempre de la mano con los autores.”




Rayuela: Cuaderno de lactura es una de las
más recientes publicaciones de La Cabra
   ¿Antes de ser La Cabra Ediciones había algún antecedente?
   El catálogo viene desde Alforja, una revista de 1979 que se dedicaba a la poesía y después nos formamos como editorial de poesía, y fue cuando terminó el proyecto de Alforja que nació La Cabra Ediciones.

   ¿Cuántos libros lleva La Cabra Ediciones en su catálogo?
   EL catálogo en general de La Cabra comprende alrededor de 50 títulos, de los cuales 10 han salido como La Cabra Ediciones, más o menos desde 2008.

   ...con un catálogo variado
   Sí, lo que pasa es que a partir de que yo me quedo con La Cabra, me interesa mucho abrir el abanico de género. La poesía sí me gusta mucho, pero el arte también, y el ensayo también.


   ¿Qué tan difícil es llevar sola una editorial como La Cabra?
   Es algo chistoso. Por ejemplo, yo hice la maestría de diseño y producción editorial en la UAM; fui conejillo de indias en la licenciatura de diseño y en la maestría. Mi tesis fue sobre las editoriales independientes, y lo que descubrí con mi tesis y el desarrollo del trabajo es que a La Cabra lo que la caracteriza es que, de las que conozco, la única editorial que es  de una sola persona; todas las otras editoriales son de dos, tres o más personas, y aquí soy yo la que hace todo. Además también hago yo misma el diseño, las otras editoriales están hechas por editores o escritores que ponen su negocio y contratan los otros trabajos como el diseño; aquí en La Cabra yo soy la editora y diseñadora.

   ¿Y cómo vive una editorial independiente en el mercado mexicano donde las transnacionales controlan casi a todos los sellos?
   Es muy complicado. Hay muchísimas cosas con las que el mundo editorial en general tiene que lidiar, grandes y chiquitas. Obviamente para las chiquitas es mucho más complicado. Está todo eso del término independiente, yo creo que somos lo menos independiente del mundo, porque yo no puedo sacar un libro sola, siempre necesito el apoyo de un coeditor o mecenas que me apoye con la producción. La política de las librerías: llegan los libros, están una semana en la mesa de las novedades y después de eso se pasan a los anaqueles normales; por ejemplo, de mis libros Músculo corazón, o cuando murió Lêdo Ivo, Carlos Montemayor, de repente son como picos en nuestras ventas; pero en realidad lo que nos funciona es que la gente pida nuestros libros, prácticamente piden los libros directamente a la editorial. A través de EDUCAL u otras distribuidoras hemos logrado que nuestros libros de poesía o ensayo no caduquen, por ejemplo, a través de EDUCAL  me reportan la venta de libros de 2005 o 2007, pero finalmente nunca recupero la inversión en un libro por las ventas. Y las librerías le dan un trato muy diferente a las editoriales chiquitas.



   Y para los lectores que están leyendo ahora esta entrevista y están interesados en conseguir alguno de estos nuevos títulos ¿cómo pueden contactar a La Cabra?

   En internet, en la página web www.lacabraediciones.com. Hay venta en línea y están todos los teléfonos de contacto. 






*Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de enero de 2015
http://www.liberacionmx.com/  

EL DUENDE SIGUE HACIENDO TRAVESURAS

Rogelio Cuéllar en el Parque México
Bautizado como El duende por Jorge Luis Borges, Rogelio Cuéllar (1950) ha retratado en sus más de 47 años de trabajo a los más grandes artistas que han pasado por México. Desde hace tres años emprendió, junto con María Luisa Passarge directora de la editorial La Cabra Ediciones, la tarea de formar dos libros sobre su obra; el primero es El rostro de las letras que ha visto la luz en una coedición con Conaculta, y El rostro de la plástica, dos proyectos que recuperan para el público gran parte de la memoria fotográfica de las artes en México.

EL rostro de las letras reúne 155 retratos de escritores entre los que se encuentran José Revueltas, Octavio Paz, Efraín Huerta y José Emilio Pacheco. El libro no se termina aquí, los retratos que ha hecho Cuéllar son miles y entre sus planes está el sacar un segundo tomo. 

   ¿Cómo te haces un fotógrafo cultural?
   Cuando fundamos La Jornada, todos los fotógrafos hacíamos de todas las fuentes y no existía especialización en nada. Yo, por ejemplo, comencé a hacer fotografía de futbol, pero me quedaban como ballet, todos brincando y bailando, aparte que nunca veía la pinche pelota. Con los políticos es morirse de aburrimiento, es un trabajo reiterativo y en el que me di cuenta de estar contribuyendo a la demagogia visual porque todos aparentan cargar niños, saludar viejitas… Por ejemplo, a Héctor García lo contrataban para las campañas presidenciales y con él me tocó trabajar en la campaña de López-Portillo y De la Madrid. Héctor nos contrataba a diez fotógrafos –nos pagaba el PRI–, nos prestaban equipo, nos daban rollos y hacían corte tres veces al día, nos los recogían. Era ver en cada pueblito la misma historia en la que van y saludan a la banderita con los niños, pero yo ya venía de Proceso, donde fotografié a los políticos con un sentido mucho más crítico e irónico, aunque tampoco sirve para nada porque las actitudes son iguales; los políticos son malos actores. Decidí que el mundo de la política no me interesaba en mi trabajo, y desde que trabajé en Difusión Cultural de la UNAM quedé atrapado en el universo de los creadores. Me pagaban por los festivales de teatro, por ver el ballet coreográfico de Gloria Contreras, y las grandes mesas y conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras, ese universo me jaló. Estar trabajando esos años en Difusión Cultural fue como hacer mi maestría o doctorado. Después trabajé en la Facultad de Filosofía y Letras cuando estaba Gonzalo Celorio como coordinador de extensión académica, ahí tuve mi plaza de técnico de medio tiempo, y mi trabajo consistía en fotografiar todas las conferencias, mesas redondas, simposios y demás, era padrísimo porque me pagaban por estar en conferencias. Desde esos años decidí que lo que yo quería en mi obra era a los creadores, aunque no descarto hacer chambas como las fotos que hice para la campaña a la presidencia de Creel.

   Si no me equivoco, el primer escritor al que retrataste fue a Ricardo Garibay…
   Sí, para una entrevista que le hizo Margarita García Flores para Radio UNAM, que era la entrevistadora de la época cuando estaba Gastón García Cantú como director de Difusión Cultural. Yo trabajaba como freelance haciendo la fotografía de todas las obras de teatro, danza y conferencias. Yo tenía 18 años cuando empecé a hacer esas fotos; en este nuevo libro publicado por La Cabra Ediciones, abarcamos fotografías de 47 años de trabajo. Las dos fotos más antiguas del libro son las de Monsiváis y Rulfo, del 69.

   Tu primera exposición se llamó La vuelta al mundo en ochenta rollos, ¿en esa exposición ya retratabas a creadores de arte?
   No. Fue mi primera exposición y fue en 1970. Esa exposición fue sobre los jóvenes, como trabajaba de freelance en muchas revistas (Sucesos para todos, Siempre, etcétera), siempre estaba en las manifestaciones, los movimientos sociales, fui a buscar a los hippies, manifestaciones de peace and love, también Avándaro me tocó. Esa primera exposición fue en una preparatoria en Salamanca y era básicamente sobre los jóvenes en México.

   Y ahí regresa la relación con Ricardo Garibay…
   Sí, él una vez me dijo “Yo necesito unas fotos para un libro” y yo estaba feliz porque eran para uno de sus primeros libros con Joaquín Mortiz (editorial). Me dijo “Bueno, yo quiero fotos, pero no tengo dinero. Te puedo invitar una tora o un café.” Yo le dije que aceptaba, pero quería las dos cosas. De ahí nació una gran admiración de mí para él, y por su parte era como un papá grande. Le gustaba convocar gente en su casa de Satélite y hacía tertulias a las que me comenzó a invitar, y para mí fue muy importante eso porque me di cuenta de que no sabía nada. Ellos hablaban de Bergman, Pasolini, Mafalda, Hemingway; ahí fue cuando yo dije “ya no regreso o comienzo a leer, aprendo y regreso”. Frecuenté mucho esas tertulias hasta que un día –eran dos salas, en una estaban los grandes y en otra nos tenían a los escuincles– me llamó hasta donde estaba él y se me abrió el universo. Entonces la UNAM para mí ha sido fundamental.
Para esa primera exposición yo le mostré las fotos a Garibay, a él le gustan y le digo “me gustaría que me escribiera un texto porque me invitaron a exponerlas”, y el texto de mi primera exposición a los 20 años fue escrito por Ricardo Garibay.

   Este nuevo libro El rostro de las letras (La Cabra ediciones), es un libro que los que seguimos tu trabajo llevábamos un buen rato esperando desde que salió el pequeño catálogo Cuatro décadas del rostro de la plástica 1972-2011.
   Ya había un pequeño antecedente de El rostro de las letras de 1997 y se hizo en la Biblioteca México de la Ciudadela. Es un catálogo, y lo que hacía falta era un libro. Para un fotógrafo, cuando va a tener un libro de fotografías, a lo que aspira uno es a tener algo muy bien diseñado y en un formato digno para lucir las fotografías.

   Para esta gran edición de El rostro de las letras sí han conservado las fechas y los lugares donde se han tomado.
   Aquí la clave es María Luisa Passarge que como editora me exigió que cada fotografía llevara fecha y lugar, lo cual implicó meterme a los negativos y revisar todos los datos que he ido anotando en ellos. Últimamente me interesa mucho la cronología de lo que he ido fotografiando, básicamente mi proceso creativo.

   ¿Quién hizo el texto que acompaña las fotografías de El rostro mexicano de las letras?
   Es un súper ensayo de Laura González Flores, que es la subdirectora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y se ha especializado en fotografía. Para mí ha sido un texto muy revelador, cuando me pregunto “¿A poco yo hago todo eso?” Es un análisis muy rico y muy agudo.
   ¿Y conservas todos tus negativos?
   Sí, yo creo que el 99 por ciento de mis negativos los tengo guardados. María Luisa me exigió esos datos para el libro, porque es parte del concepto. Es de una manera, una enciclopedia contemporánea de los creadores.

   Para El rostro de las letras ¿cómo fue la selección de las fotografías?
   Es muy interesante, por ejemplo, con José Revueltas es muy peculiar el concepto del diseño porque aparece el contacto fotográfico, en este caso de 6x6, de las once fotografías que le tomé en la secuencia la que me significa más es la que aparece amplificada. Aquí se muestran incluso los errores de revelado porque va todo el proceso histórico de esa foto, también se va viendo cómo voy encuadrando; a mí me interesa mucho que con este libro se logre ver el proceso creativo.
   La mayoría de los escritores que salen retratados en este nuevo libro son escritores que han vivido en México o ¿cómo le hiciste para escogerlos?
   La mayoría han hecho su obra aquí, como Tito Monterroso, Álvaro Mutis, García Márquez. Como en toda antología, a mí me hubiera gustado que estuvieran 300, pero fui quitando pensando en sacar un segundo tomo, pero fundamentalmente son escritores muy cercanos y muy admirados, cada uno de ellos me significa algo especial, aunque hay muchos a los que admiro mucho y no pudieron estar en este libro. Lo que sí me interesa con El rostro de las letras es que sea un mapa muy amplio y representativo de varias generaciones, no nada más los muy consagrados, sino también las generaciones más recientes. Parte de mi disciplina es tener un seguimiento de ellos, cualquier oportunidad que hay aprovecharla para hacer más fotografías, y como ya son parte de la familia es continuar con un diálogo que iniciamos con la primer fotografía.

   Y en el caso de los escritores ¿a todos los has leído?
   Sí, procuro eso. De ahí que de pronto a alguien que no conozco le digo que quiero verlo, platicar con él y leerlo. Inclusive llego a hacer fotos, hago un retrato, pero no tengo EL retrato. Intento saber qué escriben y conocer su universo.

   Para los retratos que hemos visto que haces ¿cómo le haces, pones a los escritores a posar de alguna forma en especial?
   No, simplemente me gustan mucho sus espacios, aunque recientemente para las últimas fotos lo que he hecho es sacarlos de su espacio para verlos en diferentes entornos. Me clavo mucho en el diálogo que se puede crear con la mirada, es siempre una exigencia de la mirada. Lo sabemos de la historia del arte, como en los retratos pictóricos te sigue la mirada.

   Como la mirada de Borges.
   Sí, para mí era un desafío. Yo sabía que estaba perdiendo la vista, y me clavé mucho en su mirada, en la búsqueda de la brillantez y luminosidad de sus ojos.

   ¿Qué historias hay detrás de una foto, por ejemplo, a Octavio Paz?
   En la foto de Octavio Paz saliendo de su estudio. Me recibe Marie Jo Paz, ya tenía cita con él, pero me dice Marie Jo “Dice Octavio que hoy no está de ánimo para que le hagas retratos”, y le dije “Ah, bueno, nomás quiero saludar”. Yo ya había acomodado mi tripié con una cámara 6x6, y antes que salga hago la primera foto, cuando va saliendo saco la segunda y ya que me dice que no puedo tomarle las fotos ese día, le pido que me haga un recadito de que sí vine pero que no me pudo recibir. Entonces Paz me hizo el recadito para Carlos Payán que nunca entregué, ese lo tengo yo.

   Dice Esther Seligson en un texto sobre tu obra “el paso del tiempo no es el paso del hombre”, sin embargo tú en tu trabajo retratas el paso del tiempo sobre los artistas.
   Justo es eso en lo que estriba el valor del libro, porque hay muchos a los que los he retratado durante muchos años. Tengo muchas mejores, supuestamente porque son más contemporáneas, pero escogí las que me significan mucho por la época. También me interesa mucho la dignidad de las personas que aunque estén viejos, sean retratados con la dignidad que se merecen.

   Como la foto a Juan García Ponce.
   Sí, es el portento. Él ya no podía escribir o mover nada salvo la cabeza, pero en la foto sale muy digno, con toda la fuerza que expresaba en sus libros.

   Y podemos ver a lo largo del libro todo tu desarrollo, como en las últimas fotografías como la hecha al poeta Hernán Bravo Varela.
   Sí, ahí ya hay unos encuadres más precisos. Las primeras fotos están hechas con una Pentax 35, ahora con el desarrollo que ha habido en la tecnología utilizo una Nikon o Canon, pero en el libro ha fotos de cámaras de 35mm y 6x6, que son dos formatos que me gustan mucho. Las últimas tres fotografías son hechas con cámaras digitales.

   ¿Qué opinas de que ahora cualquier persona se crea o intente ser fotógrafo con la facilidad de un celular?
   Hay una sobrevaloración de que ahora cualquiera ya con un dispositivo ya es fotógrafo. Sí, hay una gran ventaja y se pueden captar imágenes, pero yo creo que el sentido de mirar a través del objetivo, editar... –que es parte de lo que hace uno como fotógrafo, edita parte de la realidad–, la composición, las luces y las sombras, por eso me gusta tanto el blanco y negro, porque con ellos logras una síntesis desde el blanco blanco hasta el negro negro, con todos los grises que hay en medio. Hay una intuición que desarrolla uno como fotógrafo, viendo cine, teatro, danza, pintura, escultura.

   ¿Y cómo vives el cambio tecnológico en tus herramientas de trabajo? ¿te gustan igual?
   De lo analógico lo que me encanta es revelar el rollo, aparecer, imprimir ¡y que se me revele! Ahí está la palabra, se me va revelando la imagen y la voy viendo. En lo digital valoro la inmediatez y la capacidad. Sí utilizo las nuevas tecnologías para la fotografía, pero el placer de hacer fotografía en blanco y negro en mi negativo… no lo voy a dejar.

   Es como los escritores que siguen escribiendo a mano.
   Exacto. Garibay escribía primero con lápiz suave, después corregía con uno del número 2, después del 3, y ya al final lo hacía con tinta en pluma fuente. Es parte del mimo ritual del proceso creativo. Un día me dijo García Márquez, ya que él fue uno de los primeros que utilizó la Mac, que fue para él una revolución al momento de corregir y releer.

   ¿Qué opinas que tus fotografías se hayan vuelto parte de la historia?
   Bueno, a mí me da mucho gusto que ya están en la memoria colectiva. Yo no comencé a inventar el hilo negro, ni estoy haciendo nada nuevo, sino que todos los fotógrafos, de cualquier país y disciplina, de una manera u otra han retratado a sus contemporáneos. Si vemos a Mapplethorpe, pues Patti Smith, Andy Warhol, y todo ese universo que le tocó vivir. Sí hay una conciencia, y una conciencia de responsabilidad profesional que obtuve como intuición y que he ido desarrollando, de que ahora que soy más retratista estoy haciendo una memoria visual del acontecer cultural en México de la época que me toca vivir.

   ¿Cómo podríamos considerar tu trabajo, como fotoperiodismo o como fotografía histórica?
   Fotoperiodismo. Mi formación es como fotoperiodista freelance, ¿pero qué pasa con el periodismo? La foto o la nota de hoy es la noticia, pero mañana ya comienza a formar parte de la historia, es el proceso natural del periodismo. Otra característica de mi trabajo es el valor del archivo, del negativo físicamente con su clasificación, fecha y nombres; conservar y cuidar los negativos. Cuando en todos los periódicos eran operadores de cámara: oprimían su botoncito, imprimían su foto y dejaban pegados sus rollos en las paredes de los laboratorios, cumplían con la chamba mas no con s u profesión como fotógrafos.

   Además de retratar a escritores y artistas, has hecho fotografía de muchas otras cosas…
   Sí, es parte de mi disciplina estar registrando los movimientos sociales: las marchas de Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador (yo también creí en algún momento, aunque ahora no crea en ningún político ni ningún partido), pero los movimientos sociales me interesan mucho. Es parte de la tradición que aprendí de los grandes periodistas como Héctor García, Nacho López, Rodrigo Moya; es parte de mi responsabilidad social, profesional y personal. Fui a la manifestación del 20 de noviembre por disciplina de estar, porque era un momento histórico para México.

   ¿Cuál es tu mejor foto?
   La que tengo que hacer. Las mejores fotos son las que no he podido tomar.

   ¿Siempre has pedido permiso para tomar una foto?
   En los retratos sí, pero con las de la calle primero disparo y luego aviso.

   ¿Qué nuevos proyectos vienen para 2015?

   En corto y mediano plazo son hacer El rostro de la plástica, seguir trabajando a los escritores… tengo todavía muchos huecos tanto en escritores como artistas plásticos. De hecho tengo la beca del Sistema Nacional de Creadores y el proyecto es llenar esos huecos, trabajar hacia a atrás, organizar mis archivos y la digitalización.





 *Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico Liberación en su edición de enero de 2015
http://www.liberacionmx.com/